{# #} {# #}
Hay una escena que se repite en casi todas las calles del mundo. Locales cerrados y una economía devastada consecuencia de la pandemia por coronavirus. Ni siquiera quienes han implementado distintos tipos de subsidios han logrado esquivar la situación del todo.
Sin embargo, un pequeño archipiélago del Océano Pácifico se las ha ingeniado para terminar el primer semestre de pandemia con las cuentas en verde. Se trata de Vanuatu, que tiene un superávit fiscal de 33,3 millones de dólares, algo inédito en medio de la cuarentena.
Aunque cueste creer, para sobrevivir a la situación Vanuatu elaboró un programa de venta de ciudadanías, con el que generó 62 millones de dólares entre enero y junio. Un 32 % más que el año pasado y un 80% de lo que esperaba generar en todo el 2020. Solo seis meses fueron suficientes para obtener tales cifras.
El truco es simple. Por 130.000 dólares-más de nueve millones de pesos-, cualquiera puede obtener la nacionalidad y el pasaporte sin siquiera pisar las tierras de Vanuatu. Claro, la idea no es para simples mortales y está dirigida a todos aquellos que quieran fijar una residencia tributaria en un paraíso fiscal, que además permite ingresar a la Unión Europea sin visa.
Sin embargo no se trata de algo revolucionario, es algo habitual en la región del pacífico que buscan generar ingresos extras para el gobierno.
La decisión gubernamental de Vanuatu genera una grieta entre sus habitantes. Por un lado están quienes consideran a estos ciudadanos como pares y por otro están quienes temen que Vanuatu pueda convertirse en territorio de criminales y estafadores. Desde Europa también miran de reojo esta iniciativa y no descartan revocar el libre ingreso de aquellos que sean ciudadanos Vanuetenses.
El archipiélago está compuesto por unas 80 islas ubicadas en el Pacífico Sur, a 1.750 kilómetros del extremo nororiental de Australia. Como cientos de otros rincones del mundo, en el siglo XVII fue colonizado por España y a fines de siglo XIX fue conquistado por otras de las grandes potencias europeas, Francia e Inglaterra.
La población de este país ronda los 292 mil habitantes y tiene una economía relativamente pobre. En su mayoría vive del turismo y tiene un PIB per cápita que no supera los 2.875 dólares y un índice de Desarrollo Humano de 0,597 sobre 1. Pese a esta decisión de vender las ciudadanías no es considerado un paraíso fiscal, al menos no en la lista de la UE.
Sin embargo, no es la economía lo que peor tiene a Vanuatu. Como toda isla ubicada en medio del océano, los ciclones y huracanes le tienen a maltraer. En 2015 sufrió el peor ciclón de su historia, conocido como Pam, que destruyó gran parte de las islas y mató a unas 15 personas.
En abril de este año, en medio de la pandemia, el ciclón Harold arrasó con otras siete de sus islas, dejando sin energía a casi la totalidad del país y provocó daños por caso 100 millones de dólares. Fue esta necesidad de reconstruir el país lo que llevó, en 2016, al primer ministro Charlot Salway a poner en marcha el plan de venta de ciudadanías
La idea no es revolucionaria. Con el paso de los años son varios los países que se han dedicado a vender sus ciudadanías. Lo que sí es algo inédito, es la falta de requisitos que facilitan las cosas a los inversores. De los 130.000 dólares que paga el solicitante, 80.000 van al Estado y 50.000 para la agencia. Entre 30 y 60 días son necesarios para acceder a la nacionalidad, donde la Unidad de Inteligencia Financiera de Vanuatu se encarga de investigar al comprador para asegurarse que esté limpio de crímenes en su haber.
Sin embargo, este sistema de rastreo no es impecable. El año pasado fueron arrestados en Port Vila, la capital del país, unos seis ciudadanos chinos con alerta roja de la interpol por estafas online. Y aunque obviamente les retiraron la ciudadanía, el interrogante de cuántos más habrá en esta situación se abrió entre los habitantes de Vanuatu.
Sin embargo, desde el Gobierno responden ante estos cuestionamientos que ninguna otra actividad le permitiría al Estado vanuatense recaudar tanto dinero en tan poco tiempo. La idea de reconstruir el país después de los ciclones le abre la posibilidad a todos aquellos que busquen un paraíso fiscal y siembra el pánico entre los habitantes naturales, que no ven que se hayan utilizado esos recursos para mejorar sus condiciones de vida.