La víctima, sin darse cuenta, exclamó: "¡Mi mujer!", y la voz del otro lado de la línea le pidió un celular para comunicarse mientras trasladaban a la esposa al hospital. El hombre, desesperado, se lo dio.
Inmediatamente sonó el smartphone y del otro lado de la línea le dicen: "Le cuento que tenemos secuestrada a su mujer. Si no apaga el teléfono celular en este instante, le cortamos un dedo".
En su último rapto de racionalidad, el hombre alcanzó a enviar un wasap a su esposa para verificar si estaba bien. Mientras esperaba la respuesta, el estafador continuó con el ardid: "Vemos que todavía tenés el celu prendido. Me vas a obligar a hacer una boludez. Te la voy a pasar para que la tranquilices".
De fondo, un llanto angustiado de mujer. El pavor lo atrapó: "Estaba convencido ciento por ciento de que era ella", contó el hombre a
LM Neuquén.
"Quedate tranqui que si seguís los pasos todo va a salir bien. ¿Cuánta plata tenés? ¿Joyas? Poné todo en una bolsa negra. ¿Que auto tenés? ¿No sabe nadie de esto?", preguntó en tono imperativo el delincuente, que le dio un lugar para que fuera a realizar el intercambio.
"Me dijeron que cuando junte todo vaya al auto y prenda el celu. Cuando lo hice, verifico Whatsapp y veo que mi señora me había respondido que estaba bien. Corto ambos teléfonos y la llamo. Recibí más de 20 llamados después", relató el hombre que logró zafar de la
estafa. No fue el único caso que se produjo en el coqueto barrio cerrado que se ubica a la vera del río Neuquén.
El titular de Delitos Económicos de la Policía de la provincia, Ricardo Caro, aseguró que los damnificados todavía no hicieron la denuncia y reconoció que la maniobra coincide con otros casos de estafa ocurridos en la
ciudad.
La Policía creía que las estafas virtuales habían sido frenadas en junio, cuando desbarataron una banda de gitanos que concretó más de una decena de golpes. Ahora, retomarán las investigaciones.