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Veranada: el interior neuquino muestra su típica postal de la trashumancia

Los turistas que circulan por las distintas rutas del centro y norte de nuestra provincia son testigos de la vida de los crianceros y sus arreos de chivos y ovejas.

Quienes por estos días transiten las rutas del norte de la provincia de Neuquén podrán encontrarse con una postal que es una marca registrada de la región: las veranadas, en las que cientos de animales cruzan las rutas y transitan los campos de la zona en busca de las mejores pasturas.

Con la reactivación del turismo y la llegada del fin de año, miles de personas se movilizan por los caminos de la provincia y transitan las zonas pobladas por los crianceros, los habitantes del Norte de Neuquén que hicieron de la transhumancia su modo de vida y que recorren decenas de kilómetros para trasladar a los chivos y las ovejas de un punto a otro.

Recorrer estas rutas permite conocer su trabajo de primera mano, y no es raro cruzarse a un grupo de chivos o de ovejas que cortan la ruta de extremo a extremo, y que obligan a los automovilistas a detenerse y a disfrutar de un espectáculo muy propio del ADN neuquino.

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El fin de la veranada en el Norte neuquino.

El oficio de criancero es algo que se hereda de generación en generación entre las familias del norte de Neuquén. Morena Vázquez, por ejemplo, tiene sólo cinco años y ya se mueve con seguridad arriba de la montura. “Me gusta andar a caballo y arrear los chivos”, dice con toda seguridad y una voz suave que transmite entusiasmo por hacer las cosas que siempre la atraparon. “A mi mamá la ayudo a hacer el pan y a mi papá en todo. También le saco la leche a las chivas en el corral”, cuenta, mientras no deja escapar su más fuerte deseo para cuando sea grande: “Quiero ser maestra”.

“Crié a mi familia con esto, es mi fuente de trabajo”, dice el arriero Juan Bautista Parada mientras le saca las pilchas a su caballo para descansar por una noche en el Alojo San Sebastián, uno de los riales más conocidos por los crianceros que se encuentra a un puñado de metros de la pronunciada bajada que desemboca en el puente sobre el río Neuquén a la altura de Andacollo.

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El hombre, junto con su suegro y un amigo también de nombre Juan, había apenas emprendido el increíble viaje de algo más de 350 kilómetros. Su veranada queda en las altas cumbres del Cajón de los Peuquenes y su destino final, Chihuido del Medio.

Como un mosaico, las historias de los arrieros se superponen para contar un panorama más amplio: el de la transhumancia que se vive a pura intensidad en el norte neuquino y que es atestiguada, apenas en parte, por los turistas que transitan por esa zona antes de llegar al destino de sus vacaciones de verano.

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