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Veterinarios dan batalla a Netflix con un cine club

Miriam y Mauricio hace una década sostienen el espacio en Centenario.

Adriano Calalesina

adrianoc@lmneuquen.com.ar

Centenario.- Son tiempos de quedarse en casa. El estrés laboral y el tiempo libre se retroalimentan y así pasan los días. La gente (al menos una franja visible) prefiere ver en soledad una maratón de series televisivas y olvidarse de todo antes que salir y conectarse con un mundo más colectivo.

Así es esta época, en la que Netflix empieza a ser más fuerte que juntarse con amigos a comer pizzas y disfrutar de una película juntos. Una época en la que la atención está en crisis y es más fácil prestar tiempo a uno mismo que al otro.

Desde esa mirada colectiva es que un grupo de gente aún apuesta a los lugares de encuentro. No sólo de amigos, sino de eventuales desconocidos. Así es como nació el Cine Club de la Biblioteca Jorge Fonseca de Centenario, el 3 de noviembre de 2006. Y todavía subsiste.

Miriam Berensztein y Mauricio Barreto son una pareja de veterinarios de Centenario (están hace 30 años y son de Buenos Aires) que tienen a cargo, hace una década, el Cine Club, con altos y bajos. En lo que va de su historia ya se emitieron 329 películas en varios ciclos los viernes por la noche.

“No queremos eruditos que nos vengan a explicar de cine. Nos planteamos un cine alternativo, porque para el de entretenimiento y comercial se encargan otros”, dice Mauricio, quien aún recuerda que la primera película que proyectaron fue argentina, La tregua, de 1974.

Poner en marcha un cine club es todo un sacerdocio. Nunca hubo un viernes de descanso. Todo empezó hace diez años, cuando en la biblioteca encontraron una caja con películas en VHS, listas para tirar a la basura. “¿Por qué no hacemos un ciclo con las que tenemos?”, se plantearon.

Al principio, todo era una cuestión de amigos. Veían las películas en un viejo televisor de 29 pulgadas hasta que consiguieron un cañón con una pantalla. La idea siempre fue hacer una previa con una picada y cervezas y alguien que presentara la película sólo para unos pocos.

Pero con el tiempo y la difusión casi casera, los ciclos empezaron a llenarse. Venía público de Río Negro, gente de paso por Neuquén que leía las carteleras culturales y hasta de otras provincias.

Mauricio dice que puede recordar cada una de las películas que pasaron y que en tres oportunidades dijeron basta. Se había cansado de sostener un espacio que, para la pareja, era de clara “militancia cultural”. Querían cerrar los ciclos, por la discontinuidad en el interés del público.

“Nos pasó algo muy loco, porque cada vez que decíamos basta ese ciclo se llenaba y nos generaba un nuevo compromiso; hubo ciclos que fueron un fracaso total y otros sorprendentemente exitosos”, dice el veterinario.

Gustos y disgustos

Miriam recuerda que el ciclo de funciones de la tercera edad y el cine y la gastronomía interesó a muchos, a sala llena. “Con Mundo Alas (un documental de León Gieco que dio vuelta el país) fue un antes y un después, el cine club pudo tomar una relevancia en toda la comunidad”, explica.

Pero no todo fue color de rosas. Hubo ciclos en los que no fue nadie y se volvían con la cabeza gacha. “Por lo general, los ciclos de Mauricio han sido un fracaso”, comenta Miriam, en tono de broma, a su pareja, con la que dice no coincidir en nada sobre los gustos cinematográficos.

“Hubo un ciclo de western y otro de terror que no interesaron a nadie. Pero cuando hicimos el ciclo de árabes y judíos se llenó, vino gente de todos lados y hasta se hizo una cena con comidas típicas”, recuerda Mauricio.

Al final de la película, se da espacio para el debate. En las comedias, el ambiente es más distendido. Pero en los dramas, la gente se permite llorar, celosamente en público. Otros directamente se van, sin más comentarios.

“Hay gente que no viene a los ciclos pero nos escribe. Eso también es estar en contacto. Significa que resistimos y que no desaparecemos. Que esto está vigente para quien quiera”, concluye.

Por el Cine Club de La Fonseca han pasado cientos de personas en estos diez años. Algunos han preferido salir de la soledad y, en el azar de la noche, encontrarse con una sorpresa muy parecida a la amistad.

Los ciclos que se repiten cada viernes del año

El Cine Club funciona todos los viernes a las 21 en la Biblioteca Jorge Fonseca de Centenario, ubicada en Santo Domingo 148, entre Canadá y Estados Unidos. Los ciclos se pueden ver desde el mes de marzo hasta finales de noviembre.

Cada uno de ellos surge a través de la propuesta del público. Las propuestas de cine argentino u otros países, al igual que las comedias y los dramas son los mejores receptados por el público, que en buen número llega a la sala. Aquellos ciclos con películas de terror o del viejo oeste no tuvieron suerte.

Quienes se quieran contactar, el teléfono es (0299) 4893899.

32 películas por año pasa el Cine Club.

Cada ciclo (árabe, erótico, francés, italiano, etc) consiste en tres películas del mismo género. La cuarta función es un ciclo de amigos, donde sólo se ven comedias, una vez al mes.

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