CAROLINA DIOCARE
policiales@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
Para cuando usted esté leyendo esto, ya habrá muerto en Argentina una nueva víctima por violencia de género. Habrán pasado sólo 25 horas de la redacción de esta nota, tiempo suficiente para que una mujer sea nuevamente hallada con un tiro en la cabeza, como Noemí, o con 15 puñaladas, como Sandra.
Estos no son nombres que se desprenden de los noticieros porteños, de aquello que impacta, pero que está “lejos”.
Estos son nombres de mujeres que vivían acá, en el barrio Valentina Norte Rural o en la localidad de Picún Leufú, víctimas de violencia de género a las que nadie ayudó a tiempo.
Sus femicidas las convirtieron en víctimas, en otro cuerpo muerto sobre la mesa de algún perito forense, las cosificaron e intentaron despojarlas de su independencia, de socavarles la autoestima e incluso hasta las creyeron suyas.
Sus familias, en cambio, las reconstruyeron a partir de las lágrimas y el dolor en un vivo reclamo de justicia, las inmortalizaron en una fotografía, sonrientes, con esa felicidad que sus agresores nunca podrán quitarles. Las empoderaron a través de su lucha para que a nadie más le falte en su hogar una hija, una madre, una hermana.
Pero los femicidios son la punta del iceberg, el desenlace extremo y visible de la violencia de género, que es, al fin y al cabo, el principio de todo.
Durante el primer semestre del 2016, de los 3185 expedientes que ingresaron al Fuero de Familia en la Primera Circunscripción, encabezada por Neuquén capital, el 30,5 por ciento fueron por violencia familiar o de género. Eso representa casi 1000 denuncias.
La escalada de violencia es feroz y no para. Esa es la base del problema donde subyace masiva y silenciosamente el dolor de cientos de mujeres golpeadas, maltratadas física y psicológicamente, amenazadas de muerte.
Al finalizar de semestre, unas 1620 mujeres de toda la provincia denunciaron hechos de violencia de género poniendo en riesgo su vida, esperando una ayuda, para recibir en muchos casos sólo a alguien que las juzgara.
Porque es a las víctimas a quienes la sociedad les pregunta qué hicieron, mientras intentan encontrar en su escote, en el corte de su pollera o en su vida personal una respuesta, que no son más que sus propios prejuicios. Porque sus parejas o ex no son los únicos que las violentan, con ellos no alcanza, la sociedad también.
Judicialmente, los agresores reciben durante el proceso penal restricciones de acercamiento, que muchos violan sistemáticamente y de lo cual se jactan, como es el caso de una mujer que fue amenazada, golpeada y cortada (ver aparte), para luego convertirse en causas que finalizan con un acuerdo (otro caso) o eventualmente llegan a juicio. Lo cierto es que cuando usted esté terminando leer de esto, podrá objetar que no todas las palabras han sido las adecuadas y hasta puede no estar de acuerdo en absoluto. Pero mientras piensa eso, lo invito a que mire a su alrededor, porque la próxima mujer que llame desesperada a la Policía por ayuda o luche por su vida para no engrosar una estadística podría conocerla; podría, incluso, ser usted.
Usó un arma, pero acordó la condena
La golpeó y después, con total impunidad, agarró una de sus armas, le apuntó en la cabeza a su pareja y la amenazó.
La mujer estaba en extrema situación de vulnerabilidad, víctima de violencia de género por parte de su pareja, de 21 años y padre de su hijo de 2, con quien convivía.
Por un acuerdo de partes, la Justicia le dictó una prisión en suspenso por un año al acusado.
El 4 de abril se realizó una audiencia en la que la jueza María Gagliano avaló un acuerdo entre la fiscalía y la defensa y le dictó una prisión en suspenso por un año al agresor.
En este caso, los episodios de violencia no eran nuevos, pero entre el 24 de abril y mayo de 2015 llegaron a una situación límite.
Esa vez, su pareja le apuntó directo a la cabeza con un arma de fuego que no estaba registrada.
Luego, la víctima fue alojada en un hogar junto a su hijo, dado que no tenían dónde vivir.
144 Línea gratuita nacional - Funciona las 24 horas los 365 días del año. Si sufrís o sabés de alguna víctima de violencia, podés llamar y denunciar.
Representan el 30,5 por ciento del total de expedientes ingresados en el primer semestre de 2016 en el Fuero de Familia, encabezado por Neuquén capital.
340 denuncias por violencia en la III Circunscripción
Representan el 45,5 por ciento del total de las denuncias recibidas en dicho Fuero de Familia, encabezado por la localidad de Zapala. En 2015 llegaron a ser 575 denuncias.
1620 mujeres denunciaron en un período de 6 meses
Cabe aclarar que corresponden al primer semestre de 2016 y que se trata de hechos denunciados en los Fueros de Familia de la provincia, elaborado por la Subsecretaría de Planificación.
El agresor se burló de una restricción de la Justicia
“Hasta que no te arruine, no la voy a cortar, te la juré, tengo todo el tiempo del mundo”. Ese fue uno de los tantos mensajes de texto que su ex pareja le envió. En dos ocasiones, el hombre violó una restricción de acercamiento hacia ella. La última vez entró por la fuerza a su casa, la golpeó, la hirió en una pierna e intentó ahorcarla con el cable de un teléfono mientras la amenazaba.
La pesadilla de esta mujer empezó el 4 de agosto de 2016. El agresor, su ex, de 38 años, comenzó a amenazarla a través de mensajes de texto: “No seas ingenua, ¿pensás que una restricción va a durar para siempre?”, se jactó el hombre el 25 de septiembre de ese año, cuando un juez de Familia intervino en el caso tras la denuncia de la mujer y le prohibió acercarse a ella.
Pero las amenazas eran constantes: “Tarde o temprano te voy a partir. Ya te va a llegar tu hora”. No sólo eso, sino que llegó a decirle que sus “conocidos” preferían tener a su enemigo de su lado,y estaban para darle una mano.
El 7 de octubre le mandó el último mensaje, desobedeciendo una orden judicial, y 23 días después fue a amenazarla personalmente. Se abalanzó sobre ella y la golpeó en la cabeza. Luego intentó ahorcarla con el cable.