Según se pudo establecer, a las tres y media se retiró el último personal de la planta y a las cuatro, tres delincuentes ingresaron por la entrada principal y otros tres por el estacionamiento, todos a cara descubierta. Primero redujeron al guardia, le robaron su arma reglamentaria y le dieron una feroz golpiza que le ocasionó un traumatismo de cráneo y varias heridas y hematomas. Luego lo maniataron con precintos y con sus propias esposas. "Creí que me mataban", declaró el guardia, y dijo que fue torturado. Este efectivo de guardia fue asignado imprevistamente por sus jefes policiales horas antes del ataque, a las 20:30 de la noche del sábado, en reemplazo del guardia que debía cumplir su custodia del edificio durante toda la noche. El guardia reemplazado, se dijo, fue llamado para cumplir otras tareas policiales en su condición de chofer.