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YPF, el barrio que ya renace en la altura

Modernas torres se levantan donde antes había casas residenciales.

Mario Cippitelli

cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

Fue el primer bosquejo de lo que después sería el barrio Santa Genoveva: un puñado de casas residenciales en medio de la barda desértica, ubicado al este del casco urbano.

Nació en la década del 70 como una ayuda para que todos los empleados de la empresa YPF, cuya mayoría provenían de distintos puntos del país, pudieran tener su vivienda propia para echar raíces definitivamente en la nueva provincia que les había dado cobijo.

Se lo llamó “barrio YPF” a ese conjunto de residencias amplias y modernas, con patios generosos ganados a los arenales, y se convirtió en una buena opción para tener la primera vivienda, debido a las facilidades que daba la empresa a los interesados en poblar ese rincón de la barda. Un plazo extenso en los pagos y un descuento mensual por planilla de sueldos intentaban tentar a aquellos empleados, aunque a muchos les pudiera parecer una locura vivir en ese rincón del desierto.

En forma paralela, un amplio sector de las inmediaciones comenzó a lotearse con el objetivo de acompañar el crecimiento y unir otros barrios que también estaban alejados de todo y que ya tenían su historia, como Villa Farrel (al sur) y Sapere (en el extremo este del ejido urbano).

Así, con el correr de los años, el barrio YPF, que había quedado delimitado por las calles Islas Malvinas y San Juan, entre Illia y Amancay, comenzó a rodearse de centenares de viviendas hasta que perdió su propia identidad y pasó a ser parte de una enorme zona bautizada como Santa Genoveva.

60.000 personas viven en edificios altos en la ciudad. Así quedó reflejado en el último censo realizado en 2010, por lo que la cifra en la actualidad es mucho mayor. En la capital se estima que hay medio millar de edificios.

Hasta hace un par de años, nadie hubiera imaginado que aquellas casas que con el tiempo se convirtieron en hermosas residencias de veredas arboladas y jardines floridos y verdes en el corazón de Santa Genoveva comenzarían a ser derribadas para dar paso a un proceso de urbanización más moderno y en altura, como marcan las nuevas tendencias de construcción. En una sola manzana, varias de aquellas viviendas fueron demolidas para dar lugar a tres torres de departamentos que superarán los 40 metros de altura y tendrán entre 14 y 17 pisos, según confirmaron fuentes municipales.

“Una ordenanza municipal habilitaba estos emprendimientos, pero faltaban inversores. Bueno, ahora llegaron”, confió la fuente.

Tres desarrolladoras dieron el primer gran paso y en algunos terrenos ya se cavó el pozo necesario para plantar los cimientos y comenzar a levantar pisos. En al menos dos años, las nuevas torres serán el punto distintivo de ese sector de la Avenida San Juan, una de las más codiciadas que tiene la ciudad de Neuquén.

La pregunta que muchos operadores inmobiliarios se hacen por estos días es si este fenómeno quedará circunscripto en estos tres edificios o si es el inicio de un proceso de transformación total del barrio.

Muchos de los propietarios del barrio YPF ya murieron y las viviendas entraron en sucesión para sus hijos, por lo que no es de extrañar que las propiedades se vendan frente a una oferta de una desarrolladora o sean canjeadas por metros cuadrados en futuros edificios de departamentos.

Se estima que cada vivienda (dependiendo de la superficie del terreno) tiene un valor cercano a los 400 mil dólares, una cifra nada despreciable para dejar de lado los sentimientos por aquel barrio de trabajadores ypefianos.

Indicadores

Un crecimiento que tiene límites en su desarrollo

Guillermo Reybet, conocido martillero público y titular de una inmobiliaria que lleva su nombre, está convencido de que la ciudad de Neuquén tendrá una increíble transformación hacia el este, con la construcción de edificios de gran altura.

“Me gustaría ver la ciudad dentro de 30 años en toda la zona de Santa Genoveva. Creo que será un barrio en el que predominarán los departamentos modernos”, opinó al ser consultado sobre los primeros pasos de esta transformación que se están dando.

La visión de Reybet no es la única que va en ese sentido. Desde el Colegio de Arquitectos de Neuquén ya opinaron que el crecimiento de la ciudad en los próximos años, por las propias limitaciones de espacio, será inevitablemente en altura.

Diego López de Murillas, presidente de la institución, había anticipado a fines del año pasado a este diario que una forma de urbanización viable era a través de edificios confortables que pudieran ofrecer a los vecinos una buena calidad de vida, más allá de las viviendas tradicionales.

“Vivir en edificios altos no quiere decir que sean pajareras. En Neuquén ya hay construcciones donde en una manzana vive más gente y con mejores servicios que en una cuadra tradicional de barrio”, graficó el arquitecto neuquino en aquella oportunidad.

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