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La Mañana

Ahora existe una copa perfecta para el Malbec

Es lo que acaba de lanzar la compañía austríaca de cristales Riedel, que sostiene que para cada varietal hay un recipiente adecuado.

El tamaño y la forma importan, claro. Y más en materia de copas para vino, ya que no es lo mismo beber un Malbec frutado y expresivo en copa chica, tipo degustación, que hacerlo en un copón amplio y de sección delgada. La diferencia es radical. Y va mucho más allá de la estética.
La razón es sencilla. La copa funciona como un amplificador de aromas. Más grande, más aire aporta y mayor cantidad de compuestos volátiles se despliegan sobre la superficie del vino. Eso, siempre y cuando el vino tenga algo para decir. Porque, si no, un copón dejará de ser un amplificador para pasar a ser una habitación vacía, si el vino no puede llenarla. Así funcionan las copas para vino.
Eso lo tienen claro los maestros cristaleros de Riedel, empresa austríaca que lleva años elaborando cristal soplado. Copas, por otra parte, de las formas más singulares que un bebedor pueda imaginar. Y en ese largo peregrinar por la fórmula exacta para el cristal -la cantidad de silicio precisa, la cantidad de plomo y, sobre todo, el soplado- llevaron a la empresa a experimentar con distintas copas a fin de lograr la amalgama perfecta entre las dos creaciones del hombre: el vino y su recipiente.
 
La forma es la función
Desde la década de 1960 Riedel comenzó a hilar fino. El señor Claus Riedel, entonces al frente de la compañía, tenía la convicción de que la estética debía encerrar alguna funcionalidad, muy a tono con el diseño y la arquitectura racional de la época. Y en 1961 lanzó un primer catálogo de copas bajo ese concepto. Sin embargo, no fue sino hasta 1973, cuando de la mano de George Riedel (cabe aclarar, décima generación de la familia) la empresa lanzó su línea Sommeliers, siguiendo el concepto forjado por Claus: eran copas que buscaban realzar las cualidades de un vino y lograban, por ejemplo, que los vinos de Burdeos ganaran profundidad. Fue la primera línea destinada a ensalzar las virtudes del vino distinguiendo por tipos.
El éxito fue tal que en la década de 1980 Riedel se lanzó a la investigación de una línea de copas en la que cada varietal, y cada región del globo, tuviera su representante en cristal. Y no sólo copas de vino, también lanzó para espirituosas como whiskies. Por supuesto, las piezas desarrolladas fueron el puntapié inicial para explorar la curiosa relación entre las formas del recipiente y el carácter que realzan de cada bebida. Y así llegamos a 2013, en que la empresa  ofrece una gama de copas como Bordeaux, Montrachet, Portos y Zinfandel entre otras, se suma ahora la copa Malbec.
 
Cristal para el Malbec
A propuesta de una bodega local -la sanjuanina Graffigna-, en Riedel se pusieron a investigar cuál sería la copa perfecta el Malbec. Hicieron una serie de testeos entre las copas de estilo Hermitage que la marca ya tenía, por similitud estilística del vino, y fueron seleccionando por medio de catas hasta hallar el mejor modelo. Modelo, cabe aclarar, que fue lanzado en septiembre pasado.
Es un típico copón de cáliz tipo tulipán, con tallo largo y una gran cámara aromática, lo que hace, finalmente, que los aromas frutales y especiados del Malbec se balanceen entre sí. El otro punto fuerte es que la copa tiene una mordida delicada y cerrada, de forma que obliga a la boca a cerrarse a la vez, y permite al vino impactar la punta de la lengua y realzar la sensación dulce del varietal. Como último dato, el cáliz de la copa Malbec es levemente cóncavo, por lo que no hace falta inclinar mucho la cabeza hacia atrás para beber y eso evita genera un paso pausado del tinto por la boca. Todas condiciones ideales para un buen Malbec.