Buenos Aires
Ricardo Darín se pone en la piel del presidente de la Nación en La cordillera, film de Santiago Mitre que hoy llega a las salas de todo el país. La película, protagonizada por Dolores Fonzi y Érica Rivas, hace su presentación oficial en el país luego de haberse exhibido exitosamente en el último festival de Cannes (compitió en la principal sección paralela: Un Certain Regard), que se celebró en mayo.
En la nueva producción de Mitre (El estudiante, La patota), Darín es Hernán Blanco, quien durante una cumbre internacional de presidentes se descubrirá atrapado entre una drama político y familiar. El máximo mandatario deberá enfrentarse a sus propios demonios y tendrá que tomar dos decisiones que podrían cambiar el curso de su vida, tanto en el orden público como privado. Por un lado, una complicada situación emocional con su hija; por otro, la decisión política más importante de su carrera.
Libre interpretación
Previo al estreno, Darín reveló que tuvieron cuidado con su personaje con el fin de que no se asemejara a ningún político argentino. “No sólo era importante para mí, sino para la película, porque si no se hubiese convertido en algo partidista y hubiera condicionado el desarrollo narrativo de la historia. Nos cuidamos específicamente de que no se pareciera a nadie, a pesar de que unos dicen que es parecido a Macri, otros que es parecido a Néstor. Esa es la libertad del espectador, que puede reinterpretar lo que quiera. Ojalá nunca perdamos esa libertad, porque esta es una de esas historias en la que la cabeza del espectador termina de resignificar muchas cosas, sean asociaciones libres o no tan libres, pero trabaja a la par de la película. Eso es lo interesante”, explicó Darín.
El actor aclaró que no habló con ninguna figura política para componer su papel: “Ni quise. No, si me hablan todo el tiempo por televisión y no me dicen nunca la verdad”. Por otro lado, agregó que el largometraje no muestra a “un todopoderoso”. “La historia elige contarnos un tipo con sus limitaciones, vulnerable, que muestra flancos atacables y que está hace muy poco tiempo en el poder y siente el peso de la responsabilidad de tener que construir poder. Se tiene que inventar un poder. Por eso, creo que esos cuatro días, que son el arco de esta película, son muy importantes para él.
El enigma de los fueros íntimos
La película se mete en algo que, para los espectadores comunes, es un misterio. ¿Qué pasa cuando esos tipos vienen de dar un discurso para millones de personas y se quedan solos en sus casas? Para Darín, eso es curioso: “Es muy enigmático qué pasa en el fuero íntimo, qué pasa con sus parejas, si es que tienen, ¿cuál es el diálogo? Si, por ejemplo, su pareja escuchó el discurso, ¿le creyó conociéndolo en la intimidad o tiene reclamos para hacerle en el mano a mano? ¿Le sugerirá modificaciones para un próximo encuentro con la gente o no le interesa?”. Son todas cosas que a mí me despiertan curiosidad. “Tampoco me quitan el sueño porque tengo otro tipo de preocupaciones, pero jugando este juego de imaginar son cosas que te llaman la atención”, expresó el autor.