El presidente de BYD dijo que superará a Toyota en cinco años, pero la marca aún enfrenta una dura batalla fuera y dentro de China.
BYD tiene un plan: convertirse en el fabricante de autos número 1 del mundo de acá a cinco años. Lo dice abiertamente y eso, sin dudas, retumba en los cuarteles generales de Toyota, el líder histórico de la industria. El gigante chino sigue creciendo a toda velocidad con vehículos eléctricos e híbridos enchufables y su proyección apunta a desplazar de una posición de privilegio a nivel global al fabricante japonés.
La proyección -o advertencia- la pronunció Wang Chuanfu, presidente y fundador de BYD, durante la reciente junta anual de accionistas realizada en Shenzhen. Allí aseguró: “BYD se convertirá en el fabricante de automóviles número uno a nivel mundial en términos de escala en cinco años”. En otras palabras, la compañía china cree que puede alcanzar la cima global hacia 2030 o apenas entrada en la próxima década.
El desafío, sin embargo, es enorme porque enfrente está el gigante japonés. Toyota cerró 2025 como el mayor fabricante mundial, con más de 11 millones de vehículos vendidos si se toma el grupo completo. BYD, en cambio, terminó el año con alrededor de 4,6 millones de unidades comercializadas. Para desplazar a la marca japonesa, el fabricante chino tendría que vender más del doble de lo que vende hoy.
Toyota sostiene su liderazgo a partir de una gama global muy amplia, con fuerte presencia en todos los continentes, modelos diversos (de combustión, híbridos, utilitarios, SUV) y una red industrial que lleva décadas de consolidación. BYD, por su parte, apuesta fuerte a la renovación en la movilidad, y sólo produce vehículos electrificados.
La proyección de BYD también tiene su caja de resonancia en la Argentina, donde la marca desembarcó recientemente. En poco tiempo se metió entre las automotrices de mayor impacto en el mercado local, sobre todo por su avance en híbridos y eléctricos.
La estrategia mundial de BYD se apoya en dos pilares: tecnología y expansión internacional. La marca china viene creciendo por fuera de su mercado doméstico y encontró oportunidades concretas en regiones como Sudamérica, Medio Oriente, el sudeste asiático, Australia y Europa.
Entre enero y mayo de este año, las exportaciones de BYD crecieron de manera importante respecto del mismo período del año anterior. Brasil, Reino Unido y Australia aparecen entre los principales destinos. Ese empuje internacional es clave porque, si la empresa quiere alcanzar a Toyota, no puede depender solamente de China.
La compañía también apuesta por sus desarrollos propios. De hecho, Wang Chuanfu puso el foco en la batería Blade de segunda generación, una tecnología que considera central para sostener el crecimiento futuro. Según el ejecutivo, la producción de esa batería fue uno de los cuellos de botella del año, por lo que acelerar su disponibilidad es hoy una prioridad.
Otro punto fuerte está en la carga ultrarrápida: BYD trabaja en infraestructura de alta potencia, con sistemas que prometen reducir de manera drástica los tiempos de espera para cargar un vehículo eléctrico. En un mercado donde todavía muchos usuarios miran con desconfianza la autonomía y los tiempos de carga, ese avance puede ser decisivo.
BYD también apuesta por la conducción inteligente: el propio Wang afirmó que la compañía ya tiene millones de vehículos con sistemas avanzados en circulación y continúa acumulando datos todos los días. Y dejó una frase que muestra hasta dónde quiere llegar: “En cuanto la regulación esté lista, BYD despegará rápidamente”.
En China, BYD enfrenta una competencia cada vez más feroz. La guerra de precios entre fabricantes locales presiona los márgenes, reduce la rentabilidad y golpea las ventas internas. De hecho, en los primeros cinco meses del año, las entregas totales de la marca registraron una fuerte caída frente al mismo período anterior.
Las acciones de BYD acumularon retrocesos importantes tanto en Hong Kong como en Shenzhen, y las promesas de liderazgo mundial aún no alcanzaron para despejar todas las dudas.
En ese escenario, Toyota conserva una ventaja tradicional: escala, reputación, confiabilidad y una oferta global que se adapta a mercados muy diferentes. Mientras algunas automotrices aceleran de lleno hacia el eléctrico puro, la japonesa mantiene una estrategia más amplia, con fuerte presencia de híbridos, modelos nafteros y tecnologías alternativas según cada región.
La advertencia está hecha. BYD quiere superar a Toyota y convertirse en el número uno mundial hacia el final de la década. El camino, de todos modos, no será simple: deberá crecer fuera de China, resolver sus problemas internos, sostener sus márgenes y convencer a millones de usuarios que todavía eligen marcas tradicionales.