No podía salir de la precaria "vivienda" donde su hijo la dejaba con candado. Tampoco ver más allá de los bines que recubrían la estructura. Entonces, el contacto con el mundo exterior fue la voz de sus vecinos.
La descubrieron hace tres meses y su drama conmocionó a todo el asentamiento donde tiene origen esta historia: la toma 10 de Febrero. Recién el domingo lograron liberarla. "Su hijo la dejaba encerrada con candado cuando se iba a trabajar. No le cocinaba, ni le dejaba un fósforo para que lo hiciera; y está sin bañarse hace tiempo. Ni ropa tiene para cambiarse. Vivía descalza, porque las uñas de sus pies están muy largas; y su cabecita parece un nido de pájaros", contó Ana a LM Cipolletti.
A falta de cuidado, los vecinos hicieron una posta para alimentar a la abuela. Querían extenderle un plato de comida, como lo merecía, pero no podían doblegar la situación de encierro en que vivía.
"Tuvimos que tirarle la comida por arriba de los bines, como si fuera un animal", contó la vecina.
Vecinos al rescate
Cansados de esta situación, el sábado, los vecinos se animaron a romper el candado que la confinaba, y un día después fueron por más. Alrededor de 50 personas se apostaron frente a la casa de la abuela y esperaron que su hijo diera la cara.
Llegó en un taxi, limpio y bien vestido. Y, al verlo, fue inevitable iniciar una discusión y una vecina, enferma de bronca, lo trompeó.
Le exigieron que la liberara, pero el hombre, de 39 años -a quien llamaron Fabián-, se negó a hacerlo y les endilgó a ellos la responsabilidad de encerrarla. Tuvo que llegar e intervenir la Policía, que detuvo al hijo.