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Caso Mérgola: la víctima estaba tan alcoholizada que no pudo defenderse

El rostro de la víctima estaba absolutamente destrozado. Su alto nivel de alcohol en sangre canceló cualquier chance de ataque o defensa argumentada por el presunto asesino.

En la segunda jornada de juicio contra Maximiliano Mérgola, los peritos citados a declarar complicaron aún más su situación y echaron por tierra la teoría de exceso de la legítima defensa presentada por sus abogados. La víctima, Ernesto Rodríguez, estaba tan alcoholizada que no tuvo oportunidad de defenderse y hasta el momento no hay nada que pruebe que amenazó e hirió al acusado.

Este jueves por la mañana tuvo lugar la segunda audiencia de juicio por el crimen de Ernesto Rodríguez, asesinado a golpes con un trozo de cordón cuneta en la vereda de su casa la madrugada del 9 de julio de 2019.

El único acusado por el atroz homicidio es Maximiliano Mérgola, cuyo equipo defensor intentó establecer la teoría de exceso de la legítima defensa ante un supuesto ataque inicial de la víctima, pero esta fue hoy refutada duramente por las pericias de la escena, al cuerpo de la víctima y al del propio acusado.

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Cabe recordar que según el alegato inicial del equipo defensor, Mérgola fue atacado inicialmente por Rodríguez con un cuchillo la mañana del crimen, elemento que le causó dos heridas al acusado; una en su cuello y otra sobre su oreja. Como éste se encontraba bajo el efecto de estupefacientes, en un intento por defenderse, terminó matando a su agresor.

Los elementos con los que contaba la parte defensora y presentarían ante los jueces para respaldar la coartada serían un cuchillo de cocina secuestrado en el lugar y un informe médico de Mérgola que daba cuenta de las lesiones en cuestión.

Coartada refutada

"No se encontraron signos de forcejeo o lucha en el lugar", fue en lo que cada perito involucrado en la investigación del hecho concordó y declaró ante el tribunal colegiado interviniente. Asimismo, Mérgola carecía de las heridas indicadas al momento de su detención y que supuestamente habrían comprobado su coartada (ver apartado).

Otro de los puntos clave fue el cuchillo de cocina desarmado secuestrado en el lugar, el cual no presentaba signos de violencia, lo que demostró que no se despedazó al ser utilizado en un forcejeo. A su vez, en el mismo se encontraron pequeñas manchas de sangre por salpicadura, que pertenecían a la propia víctima y cayeron sobre el objeto durante la agresión. Los restos hemáticos en la ropa de Mérgola, también por salpicadura, eran abundantes.

Otro de los factores que hizo tambalear lo esgrimido por la defensa fue la pericia médica y toxicológica realizada a su defendido, la cual arrojó resultados negativos tanto por alcohol como por drogas. Mientras que uno de sus abogados particulares, Elio García, había asegurado que el consumo de estupefacientes había afectado al acusado y causado la reacción de defensa "desmesurada".

Sobre esta línea, la propia víctima tenía un altísimo nivel de alcohol en sangre, 4,98 gramos de alcohol por litro de sangre arrojó con exactitud su análisis toxicológico al momento de la autopsia. Tal como indicó el médico forense Gabriel Jerez, esto tuvo que haber provocado que la capacidad de coordinación de Rodríguez fuera muy limitada, volviendo casi imposible cualquier acción de ataque, y esto también quedó evidenciado en los vestigios de defensa casi nulos que se encontraron en sus manos.

Violencia inusitada

Los golpes recibidos por la víctima en su rostro y que le causaron la muerte, fueron al menos tres y la magnitud de la fuerza empleada fue tal que la cabeza causó un hundimiento de 10 centímetros sobre la tierra de la vereda que se encontraba debajo de él.

Entre las dos piezas de cordón cuneta utilizadas para golpearlo, que pertenecían a un mismo bloque, el pesaje total superaba los 13 kilogramos. "El asesino tuvo que haber estado sobre la víctima en una posición cómoda como para manejar tanto peso", estableció uno de los seis peritos que declararon en la jornada.

Por último, en el examen médico a Mérgola sólo se le halló un leve raspón en su mejilla y otras heridas punzocortantes pequeñas en sus manos. Estas últimas coinciden con el empleo de los trozos de concreto señalados como arma homicida. Los signos de violencia detectados en su ropa eran de vieja data.

Dos testigos son los restantes a oír el día viernes, y que terminarán de cerrar el caso.

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