Cambiar algunas costumbres diarias puede ayudar a reducir las molestias, los estornudos y la picazón.
Con la llegada de la primavera y el buen tiempo, no solo aparecen las ganas de disfrutar del aire libre, ya que muchos sufren esta época del año. Las probabilidades de sufrir un episodio alérgico crecen, y el aumento de las horas de sol se activa la carga de partículas que pueden ser un desafío para el organismo.
La primavera llega con una temporada de alergias más intensa: el polen aparece y podría permanecer más tiempo en el aire. Qué síntomas hay que observar y por qué los especialistas desaconsejan automedicarse.
La alergia primaveral es una respuesta exagerada de nuestras defensas frente a sustancias que, en principio, son inofensivas, como el polen. Aunque otros elementos como los ácaros del polvo, alimentos o medicamentos, pueden ser también desencadenantes.
Hay hábitos que parecen decisiones inofensivas, sin embargo pueden aumentar los estornudos, la congestión y la picazón en los ojos durante la primavera, época propicia para la alergia.
La rinitis alérgica aparece cuando el sistema inmunitario reacciona ante sustancias como el polen de árboles, pastos y malezas. La intensidad de los síntomas no depende solamente de la sensibilidad de cada persona: la exposición diaria también influye.
Estos son siete errores frecuentes que pueden empeorar las molestias.
1. Abrir las ventanas en cualquier momento
Ventilar permite renovar el aire, pero hacerlo durante un período de alta concentración de polen facilita el ingreso de partículas. Los niveles cambian según la vegetación, el clima y la zona, por lo que no existe una franja horaria que resulte adecuada para todos los lugares.
Antes de abrir, conviene consultar el pronóstico de polen y prestar atención al viento. En los días secos y ventosos, mantener las ventanas cerradas puede reducir la exposición. Después de la lluvia, en cambio, la cantidad suspendida en el aire suele disminuir de manera transitoria.
2. Secar la ropa al aire libre
Las sábanas, las toallas y las prendas húmedas pueden retener polen mientras permanecen en balcones, patios o terrazas. Al volver al interior, las partículas quedan en contacto con la piel, el pelo y las vías respiratorias.
El problema puede sentirse especialmente por la noche si el polen se acumula sobre la ropa de cama. Durante los días con niveles altos, una alternativa es tender en un ambiente interior ventilado o utilizar secadora.
3. No cambiarse al regresar
El polen también se adhiere al pelo, la ropa y la piel. Sentarse en la cama con las mismas prendas utilizadas en la calle permite que esas partículas lleguen a las sábanas y permanezcan allí durante horas.
Cambiarse al entrar, dejar la ropa lejos del dormitorio y ducharse antes de dormir ayuda a reducir la carga de alérgenos. También se recomienda lavar la cara y las manos y evitar tocarse los ojos después de permanecer al aire libre.
4. Descuidar los filtros
Los equipos de aire acondicionado, purificadores y sistemas de ventilación pierden eficacia cuando sus filtros están saturados. En lugar de retener partículas, pueden mantenerlas circulando dentro de la vivienda.
Los filtros deben limpiarse o reemplazarse de acuerdo con las instrucciones del fabricante. La misma precaución alcanza al filtro del auto. Cuando la concentración de polen es elevada, cerrar las ventanillas y utilizar la recirculación del aire puede limitar su ingreso.
5. Ignorar la picazón provocada por algunos alimentos
Algunas personas alérgicas al polen sienten picazón u hormigueo en la boca después de comer determinadas frutas, verduras o frutos secos crudos. Se trata del síndrome polen-alimento, una reacción cruzada causada por la similitud entre ciertas proteínas.
La combinación depende de la alergia de cada paciente. Por eso, no corresponde eliminar alimentos de la dieta por cuenta propia. Si aparecen molestias en los labios, la boca o la garganta, se debe suspender el consumo y consultar a un especialista. La dificultad para respirar o la hinchazón intensa requieren atención médica inmediata.
6. Esperar a sentirse mal para comenzar el tratamiento
Otro error es recurrir a la medicación cuando los síntomas ya son intensos o suspenderla apenas aparece una mejoría. Algunos tratamientos preventivos funcionan mejor cuando se inician antes del período de mayor exposición, siempre bajo indicación profesional.
Los antihistamínicos y los corticoides nasales no deben utilizarse de manera improvisada. Un alergista puede identificar el desencadenante, indicar la dosis adecuada y evaluar otras alternativas si las molestias persisten.
7. Entrenar cuando el nivel de polen es alto
Durante la actividad física aumenta la cantidad de aire que ingresa a las vías respiratorias. Si la persona corre o entrena en un parque durante un pico de polen, también puede inhalar una mayor cantidad de alérgenos.
Eso no significa que deba abandonar el ejercicio. Puede trasladarlo a un espacio cerrado, elegir un momento con niveles más bajos o cambiar el recorrido. Usar anteojos envolventes también ayuda a proteger los ojos de las partículas transportadas por el viento.
Los estornudos, la secreción nasal y la picazón pueden confundirse con un resfrío, pero la alergia suele persistir mientras continúa la exposición y no acostumbra provocar fiebre. Cuando los síntomas afectan el sueño, el trabajo o la respiración, la consulta médica permite confirmar el diagnóstico y evitar tratamientos innecesarios.