Se trata de un método que no requiere productos químicos ni inversiones elevadas.
La cocina concentra buena parte de la actividad diaria en un hogar. También reúne olores intensos que pueden permanecer durante días. Dentro de ese espacio, el horno suele acumular restos de grasa, humedad y aromas persistentes. Frente a ese problema cotidiano, especialistas en organización doméstica recomiendan una solución simple.
Se trata de un método que no requiere productos químicos ni inversiones elevadas: colocar un corcho dentro del horno apagado.
Solo se necesita un corcho natural, limpio y seco. La propuesta apunta a mejorar el ambiente del horno con un recurso económico y reutilizable. Aunque parezca un gesto menor, puede marcar una diferencia en la percepción de olores dentro de la cocina.
Cada vez que se cocina carne, pescado, frituras o preparaciones con condimentos fuertes, parte del vapor y de la grasa queda adherida a las paredes internas del horno. Aunque el electrodoméstico esté apagado, esos restos continúan desprendiendo aromas.
La acumulación no siempre es visible. En muchos casos, pequeñas partículas de grasa quedan en zonas difíciles de alcanzar durante la limpieza diaria. Con el paso del tiempo, la combinación de residuos y humedad genera un olor cerrado que se intensifica cuando el horno vuelve a calentarse.
El problema no siempre es la suciedad evidente, sino los residuos microscópicos que permanecen en el interior. Por eso, incluso después de una limpieza superficial, el olor puede reaparecer.
La humedad también influye. Si el horno permanece varios días sin uso, el aire interno no circula. Ese encierro favorece la aparición de aromas rancios. El resultado es una sensación desagradable cada vez que se abre la puerta.
Frente a esa situación, algunos recurren a desodorantes artificiales o productos perfumados. Sin embargo, esos métodos solo disimulan el olor. No lo absorben.
El corcho es un material de origen vegetal que se obtiene de la corteza del alcornoque. Su estructura es porosa. Esa característica le permite retener pequeñas partículas de humedad y olor.
Al colocarlo dentro del horno apagado, actúa como una esponja natural. Absorbe parte de los aromas acumulados en el ambiente cerrado. No enmascara el olor: lo reduce de manera progresiva.
Especialistas en limpieza doméstica señalan que el efecto no es inmediato. Se trata de un proceso gradual. Por eso recomiendan dejar el corcho dentro del horno entre 12 y 24 horas como mínimo.
El uso es sencillo. No requiere preparación compleja. Basta con verificar que el horno esté frío y apagado antes de colocarlo. Puede apoyarse en el centro, sobre una bandeja o directamente en la rejilla.
El tipo de corcho también importa. Se aconseja utilizar corchos naturales, preferentemente de vino. Los sintéticos no poseen la misma capacidad de absorción. Además, es fundamental que el corcho esté seco y sin restos de líquido.
La principal ventaja del truco es su simplicidad. No demanda compras adicionales ni gastos relevantes.
Reutilizar un corcho disponible en casa resulta una alternativa accesible. Entre los beneficios más destacados se encuentran: