El cofundador de Microsoft advirtió sobre una catástrofe. Pidió a los gobiernos y fuerzas de seguridad que intervengan.
Bill Gates puso el grito en el cielo y anunció un posible apocalipsis por los riesgos de la inteligencia artificial. Además, reclamó una mayor participación de los gobiernos en su regulación.
El cofundador de Microsoft sostuvo que una IA, utilizada con fines maliciosos podría contribuir a una catástrofe capaz de provocar hasta mil millones de muertes.
Las declaraciones fueron formuladas en una entrevista con el programa Meet the Press, de la cadena NBC. Gates cuestionó la idea de dejar la seguridad exclusivamente en manos de las empresas tecnológicas y planteó que legisladores, gobiernos y fuerzas de seguridad deberían intervenir en la creación de mecanismos de control.
El empresario aclaró que no considera inevitable un escenario de semejante magnitud. Su planteo apunta al potencial destructivo que podrían alcanzar los sistemas más avanzados si son utilizados por personas con intenciones dañinas, sobre todo en áreas como los ataques informáticos, el desarrollo de armas o la investigación biológica.
Gates señaló que nunca existió una herramienta con capacidades semejantes y dijo que los riesgos aumentan a medida que los modelos se vuelven más potentes. En su opinión, dejar la supervisión únicamente en manos de las compañías no resulta suficiente para enfrentar amenazas extremas.
Por otro lado, se mostró escéptico frente a soluciones simples, como la posibilidad de crear un único mecanismo capaz de apagar sistemas peligrosos. La cantidad de empresas, modelos e infraestructura involucrados vuelve mucho más compleja la supervisión y obliga, según explicó, a establecer controles antes de que aparezcan problemas difíciles de contener.
La posición de Gates mantiene su respaldo a las aplicaciones positivas de la IA en áreas como la salud, la educación o la productividad. Sin embargo, en sus últimas intervenciones puso mayor énfasis en los riesgos vinculados con el uso malicioso y en la necesidad de imponer reglas obligatorias.
La preocupación por la seguridad también está entre ejecutivos e investigadores de las principales empresas del sector. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, advirtió sobre la posibilidad de que modelos avanzados faciliten ataques o investigaciones biológicas con consecuencias graves.
Otras figuras de la industria, entre ellas Sam Altman y Elon Musk, reclamaron en distintos momentos mayores precauciones frente al desarrollo acelerado de sistemas cada vez más capaces. No obstante, no existe consenso sobre qué límites deberían aplicarse ni sobre cuánto podrían afectar esas restricciones al ritmo de la innovación.
La discusión también golpea a los gobiernos. En Estados Unidos, parte del debate enfrenta a quienes reclaman mayores controles con quienes advierten que una regulación demasiado estricta podría reducir la capacidad de competir tecnológicamente con otros países.
El problema tiene dos objetivos difíciles de equilibrar: permitir que la inteligencia artificial siga avanzando y reducir la posibilidad de usos capaces de provocar daños masivos. Para Gates, considerar la IA únicamente como una carrera tecnológica puede relegar los riesgos que plantea su utilización.
El empresario sostiene que la cooperación entre gobiernos y compañías será necesaria para establecer salvaguardas comunes.
Su referencia a una posible catástrofe con hasta mil millones de víctimas no fue presentada como una predicción, sino como un escenario extremo que, a su entender, justifica actuar antes de que los sistemas sean todavía más poderosos.