No todos los productos soportan el mismo tiempo dentro de la heladera. Todo lo que deberías tener en cuenta.
Guardar comida en la heladera no significa que pueda conservarse ahí para siempre. El frío retrasa el desarrollo de microorganismos, pero no lo detiene por completo, por lo que respetar los tiempos de conservación permite reducir riesgos y aprovechar mejor la comida antes de que se deteriore.
La organización también influye. Colocar cada producto en el sector adecuado, evitar que las carnes crudas entren en contacto con comidas listas para consumir y utilizar recipientes cerrados ayuda a prevenir la contaminación cruzada.
Además, ordenar los productos según su fecha de compra permite consumir primero aquellos que llevan más tiempo guardados.
No todos los productos soportan el mismo tiempo dentro de la heladera:
Después de la cocción, el margen cambia. Las carnes preparadas, los guisos, las sopas y la mayoría de las sobras pueden estar refrigeradas durante tres o cuatro días. Lo mismo se recomienda para pescados cocidos, papas y otras verduras preparadas. Si no van a consumirse dentro de ese plazo, una alternativa es congelarlas.
Los estantes superiores e intermedios son apropiados para comidas cocidas, lácteos, fiambres y productos que ya están listos para consumir. De esta manera quedan alejados de posibles derrames provenientes de alimentos crudos.
Las carnes sin cocinar deberían colocarse en la zona inferior y dentro de recipientes bien cerrados. La medida evita que sus líquidos caigan sobre otros productos. Frutas y verduras pueden almacenarse en los cajones destinados para ellas, preferentemente separadas cuando sea posible.
También conviene utilizar recipientes transparentes y rotular las preparaciones con la fecha en que fueron cocinadas. Otra práctica sencilla es colocar los productos más antiguos en la parte delantera y los recién comprados detrás. Así resulta más sencillo identificar qué debería consumirse primero.
La FDA recomienda además no llenar excesivamente la heladera, ya que el aire frío necesita circular entre los alimentos. Las preparaciones calientes pueden guardarse sin esperar a que alcancen la temperatura ambiente; cuando se trata de grandes cantidades, es conveniente dividirlas en recipientes bajos para acelerar el enfriamiento.
Una de las principales precauciones está relacionada con el tiempo que la comida permanece fuera de la heladera. Los alimentos perecederos y las preparaciones cocidas deberían refrigerarse dentro de las dos horas posteriores a su preparación o consumo. Si la temperatura ambiente supera los 32 °C, ese margen se reduce a una hora.
El olor o el aspecto pueden advertir que un alimento está deteriorado, pero no son métodos suficientes para determinar si es seguro. Algunas bacterias capaces de provocar enfermedades pueden multiplicarse sin producir cambios evidentes en el sabor, el color o el aroma.
Por ese motivo, cuando una preparación lleva más tiempo del recomendado en la heladera, probar una pequeña cantidad no permite comprobar su seguridad. La FDA aconseja directamente descartarla ante la duda, especialmente si no se sabe cuánto tiempo estuvo refrigerada o permaneció varias horas a temperatura ambiente.