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Descubrieron una "fábrica de nubes" oculta: por qué preocupa a los científicos

Este hallazgo despertó preocupación en distintas partes del mundo. Se trata de un proceso que no se había documentado nunca.

Científicos descubrieron una "fábrica de nubes" oculta, lo que despertó preocupación en distintas partes del mundo. Se trata de un proceso ártico que no se había documentado anteriormente.

Este proceso había sido reproducido en laboratorio, pero nunca se lo había medido con ese nivel de detalle en el ambiente. Además, no estaba representado de manera adecuada en los modelos climáticos usados para proyectar la evolución de una de las regiones que más rápido se calientan en el planeta.

El estudio fue publicado en la revista Nature Geoscience y estuvo encabezado por investigadores de la Universidad de Birmingham. Y demuestra que una zona del Ártico funciona como una verdadera fábrica natural de las partículas necesarias para formar nubes.

El fenómeno aparece cerca del límite del hielo marino y puede multiplicar hasta 50 veces la cantidad de núcleos sobre los que se condensa el vapor de agua.

Cómo funciona la fábrica natural de nubes del Ártico

El descubrimiento no significa que el océano fabrique nubes completas. En realidad, libera sustancias que reaccionan con la luz solar y generan partículas diminutas. Sin esas “semillas”, las gotas de agua tienen más dificultades para agruparse y permanecer suspendidas en la atmósfera.

La actividad comienza en la denominada zona marginal del hielo, donde se encuentran el océano abierto y la superficie congelada. Allí, el agua, las algas y el propio hielo liberan compuestos de yodo, azufre y distintas sustancias orgánicas.

Cuando reciben suficiente radiación solar, esos gases reaccionan en la atmósfera y se combinan hasta formar partículas nuevas.

En un primer momento son extremadamente pequeñas, pero algunas crecen con rapidez y alcanzan el tamaño necesario para actuar como núcleos de condensación. Sobre esas partículas se acumula el vapor de agua que después forma las gotas de una nube.

El mecanismo necesita la intervención conjunta de varios componentes. Los ácidos de yodo y el ácido sulfúrico impulsan el nacimiento de las partículas, ylas moléculas orgánicas hacen que aumenten de tamaño en cuestión de horas.

“Esta es la primera vez que esta teoría fue validada mediante observaciones en el mundo real”, explicó James Brean, uno de los autores del trabajo.

Cómo descubrieron este fenómeno

Los datos fueron tomados entre el 19 de mayo y el 26 de junio de 2022 en una campaña a bordo del RRS Discovery. El barco recorrió aguas del sudeste y el oeste de Groenlandia hasta ingresar en el estrecho de Davis, cerca del borde del hielo.

El equipo trabajó en zonas con aire marino prácticamente limpio. Y para evitar resultados distorsionados, descartó las jornadas afectadas por las emisiones del barco y por otras fuentes de contaminación.

La formación de partículas apareció durante 13 días y fue registrada en más del 80% de las jornadas que tuvieron suficiente luz solar. En ocho de esos episodios, las partículas superaron los 20 nanómetros y continuaron creciendo hasta convertirse en posibles núcleos para las nubes.

Uno de los registros mostró un salto especialmente marcado: la concentración pasó de unas 50 partículas por centímetro cúbico a cerca de 1.500 en un solo día.

Por qué el hallazgo obliga a revisar los modelos climáticos

Las nubes tienen un papel complejo en el clima del Ártico. Pueden reflejar parte de la radiación solar y enfriar la superficie, pero también retienen calor e impiden que escape hacia el espacio. El resultado depende de la estación, la altura de las nubes y de si se encuentran sobre hielo o sobre agua abierta.

Por eso, los investigadores todavía no pueden determinar si esta fábrica de partículas provocará un enfriamiento o un calentamiento neto. El trabajo describe una nueva vía capaz de modificar la cantidad y la densidad de las nubes, pero aclara que su impacto total todavía no fue calculado.

La incógnita se vuelve más importante a medida que retrocede el hielo marino. Una superficie congelada más pequeña deja expuestas nuevas áreas del océano y puede ampliar la zona donde se liberan los compuestos químicos que alimentan el proceso.

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