El método de cocción incorrecto repercute en la pérdida de nutrientes y en el sabor. Cuál es el indicado y la receta para hacerlo.
Por su alta densidad nutricional, el brócoli es un aliado clave para aquellos que buscan comidas sanas, ya sea para cuidar la salud o bajar de peso. Sin embargo, siempre tuvo mala prensa y popularmente se lo asoció a platos insípidos y a una textura poco agradable. Pero esto puede cambiar drásticamente según la forma en la que se cocine.
Dependiendo de la receta, el método de cocción que se utiliza modifica el gusto y resta nutrientes y minerales de los alimentos. En el caso puntual del brócoli, hervirlo es probablemente la forma más extendida de cocinarlo, pero también es una de las menos recomendables. De esta manera, según los especialistas, no solo pierde sus componentes, sino que además queda sin sabor y con una textura no muy tentadora.
Por ello, los nutricionistas recomiendan asarlo. Al exponerlo a un calor seco e intenso, ya sea en un horno o en una freidora de aire, se caramelizan sus azúcares naturales. Esto genera una textura crujiente que es mucho más apetecible. Al mismo tiempo, esta técnica mantiene mejor el contenido de antioxidantes y se evita la pérdida de vitaminas.
El resultado de asarlo es un vegetal crujiente por fuera, tierno por dentro y con un sabor profundo, ligeramente dulce y con notas tostadas que sorprenden incluso a quienes dicen no gustarles las verduras. “Asar el brócoli no solo mejora su sabor, también conserva sus propiedades y lo vuelve más versátil en la cocina”, señaló Elizabeth Rider, cocinera especializada en alimentación saludable.
El principal problema de hervir el brócoli es que este método somete al vegetal a una gran cantidad de agua y a altas temperaturas durante varios minutos, lo que provoca una pérdida considerable de nutrientes. Vitaminas hidrosolubles como la vitamina C y algunas del complejo B se disuelven en el agua de cocción y se descartan al colar el brócoli. "Cuanto más tiempo permanezca el brócoli en agua, más vitaminas y minerales se disuelven y se pierden", precisó Rider.
Además de la pérdida nutricional, este método de cocción afecta negativamente su textura y su sabor. El exceso de agua rompe las fibras, dejándolo blando y, en muchos casos, aguachento. También se intensifican compuestos sulfurados responsables de aromas fuertes y poco agradables, lo que explica por qué el brócoli hervido suele tener un olor penetrante y poco atractivo.
Otro efecto negativo es el cambio de color. Un brócoli hervido en exceso pasa de un verde brillante a un tono apagado, casi grisáceo, lo que impacta directamente en la percepción del plato. En cocina, el aspecto es tan importante como el sabor, y el hervido suele jugar en contra en ambos aspectos.
Asar el brócoli es sencillo y no requiere técnicas complejas ni ingredientes difíciles de conseguir. El secreto está en respetar algunos pasos clave: