La figura se distingue en varias tomas realizadas por un satélite en estaciones distintas.
Una insólita imagen captada por la NASA generó gran repercusión. Se trata de una calavera sonriente que lograron registrar en la Antártida y sorprendió a todos.
El Observatorio de la Tierra de la NASA publicó las tomas el día 30 de octubre, en la víspera de Halloween, y empezaron a replicarse en todo el mundo en los últimos días.
Según explicaron, el instrumento OLI del satélite Landsat 9 las captó el 22 de marzo de 2025 y el 10 de octubre de 2026. En marzo de 2026, las nubes impidieron obtener una vista despejada de la isla Vega, en la península Antártida.
La NASA difundió dos imágenes satelitales en las que parte de la isla tiene el aspecto de una calavera de perfil. La figura parece mirar hacia la vecina isla del Diablo, al este de la península.
En la primera imagen, de comienzos del otoño austral, la nieve cubre buena parte de la superficie. La toma de octubre muestra la misma silueta, con extensiones grises donde quedó hielo al descubierto. La figura incluye un glaciar que equipos argentinos estudian desde hace más de dos décadas.
La cuenca del ojo coincide con un nunatak, una formación rocosa que sobresale del hielo. La boca sigue el borde de una morrena lateral, una acumulación de piedras y sedimentos que el glaciar arrastra y deposita a uno de sus costados. Vista desde el satélite, esa línea curva le da a la figura el aspecto de una sonrisa.
La mandíbula corresponde al glaciar Bahía del Diablo. En 1982, un equipo de investigadores combinó las primeras imágenes de Landsat con fotografías aéreas y mapas topográficos para hacer un inventario de la isla. El trabajo describió cuatro casquetes de hielo e identificó 29 glaciares en Vega.
En la toma de octubre, varios glaciares de la isla tenían cobertura de nieve en la mitad de su superficie o menos, según el glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College. La toma es anterior al inicio de la temporada de deshielo.
El investigador relacionó la escasa acumulación de nieve nueva con un invierno más cálido de lo habitual, sobre todo en junio.
El viento barrió parte de la nieve depositada y otra parte se perdió por sublimación, el paso directo de la nieve o el hielo a vapor de agua. Con días más largos y cálidos, el hielo descubierto absorbe más energía solar que la nieve.
Esa diferencia puede acelerar el deshielo durante la primavera y el verano. Pelto prevé que, a medida que avance el deshielo, cambie el contorno de la mandíbula y se ensanche la cuenca del ojo.
El seguimiento de Bahía del Diablo empezó en el verano de 1998-1999. El Instituto Antártico Argentino estudia su balance de masa, la diferencia entre lo que el glaciar gana con la acumulación de nieve y lo que pierde, por ejemplo, al derretirse.
En la campaña de 2019-2020, el Instituto Geográfico Nacional usó receptores GPS para registrar el desplazamiento de balizas sobre el hielo y calcular su velocidad.
El Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares registró que la superficie de Bahía del Diablo pasó de 14,3 km² en 2008 a 12,8 km² en 2025. Entre 2000 y 2025, la pérdida media anual de masa equivalió a una capa de 26 centímetros de agua repartida sobre la superficie del glaciar.