Swift terminó su misión científica cuando llegó a unos 275 kilómetros de altura, pero la actividad solar aceleró su descenso hacia la atmósfera.
El observatorio Neil Gehrels Swift, de la NASA, terminó su misión y se encamina a reingresar en la atmósfera terrestre en las próximas semanas. El intento de elevar su órbita con una nave robótica fracasó y el equipo científico puso fin a las operaciones después de casi 22 años de trabajo.
La última observación se realizó el 20 de octubre, cuando Swift llegó a unos 275 kilómetros de altura. A esa distancia, la resistencia atmosférica ya impedía mantener sus instrumentos apuntados con estabilidad hacia los objetos que estudiaba.
Aunque los satélites viajan muy por encima de las nubes, en las órbitas bajas todavía encuentran partículas de la atmósfera que frenan su movimiento. La actividad solar reciente intensificó ese efecto sobre Swift y aceleró su descenso.
Para ganar tiempo, los operadores modificaron la orientación del observatorio y suspendieron parte de las observaciones. Buscaban reducir la resistencia mientras avanzaba el proyecto de Katalyst Space, la empresa encargada de intentar llevarlo a una altura mayor.
Su nave LINK, lanzada el 3 de julio, debía acercarse, sujetar a Swift con tres brazos robóticos y elevarlo con sus propulsores. Sin embargo, presentó problemas para controlar su orientación y en agosto se descartó la maniobra.
Swift volvió entonces a observar el universo. Cuando el descenso volvió a impedir un funcionamiento estable, entró en modo seguro y el equipo de Penn State envió la orden que cerró sus operaciones.
La ficha de Swift en el centro HEASARC, de la NASA, sitúa el reingreso entre fines de octubre y comienzos de noviembre. Los datos orbitales publicados por la NASA permiten estimar una inclinación cercana a los 20,5 grados.
Eso sitúa su trayectoria aproximadamente entre esas latitudes al norte y al sur del ecuador. El extremo norte de la Argentina continental está a 21°46′52″ sur, según el Instituto Geográfico Nacional.
Al comparar esas referencias, la Argentina continental queda fuera del recorrido orbital nominal. Esta conclusión surge de relacionar los datos orbitales con las coordenadas geográficas; para predecir dónde podrían llegar fragmentos hace falta un análisis específico de reentrada.
En términos generales, la NASA explica que una parte importante de los restos espaciales se destruye por el calentamiento al atravesar la atmósfera, aunque algunos componentes pueden sobrevivir. Sus anuncios sobre Swift no ofrecen un punto concreto de caída.
Swift despegó el 20 de noviembre de 2004 para estudiar estallidos de rayos gamma, entre las explosiones más potentes del cosmos. Su misión inicial era de dos años, pero continuó activo durante más de diez veces ese período. Registró más de 2000 estallidos de rayos gamma y estudió unas 1400 supernovas, además de agujeros negros, asteroides y cometas. Sus observaciones aportaron datos a alrededor de 7000 trabajos científicos.
El archivo reúne más de 1,5 millones de imágenes y unos 12 terabytes de información que seguirán disponibles para nuevas investigaciones. La NASA explora ahora nuevas capacidades para cubrir el vacío que deja este observatorio.
El archivo público de la misión garantiza la vigencia de los datos para futuras investigaciones científicas.