El estudio detalla los cambios que están operándose en la Luna y advierte sobre los riesgos de terremotos de cara a próximas misiones espaciales. Increíble…
Recientemente, la NASA dio a conocer un impactante informe sobre la misión Artemis II, que incluye nuevas imágenes inéditas de la Luna y detalles brindados por los astronautas. Casi al mismo tiempo, y a través de un reporte publicado por The Planetary Science Journal, se supo que la Luna se está encogiendo y podría sufrir terremotos, un escenario inquietante de cara al futuro de las misiones espaciales.
Gracias a la misión Artemis II, la NASA brindó -entre tantos detalles acerca de las observaciones de la Luna- precisiones acerca de los distintos colores que presenta el satélite: la tripulación informó haber visto tonos sutiles de gris, negro, marrón, beige, blanco, verde y azul en la superficie de la Luna.
El interior de la Luna perdió progresivamente parte de su calor, provocando de ese modo una reducción de su volumen. Y las mismas fuerzas que provocaron el encogimiento de la Luna podrían estar relacionadas con terremotos lunares, conocidos científicamente como moonquakes.
De acuerdo a una investigación divulgada en The Planetary Science Journal, se pudo reconstruir con precisión de qué manera se deformó la corteza lunar. El responsable es un proceso que comenzó hace miles de millones de años: el lento enfriamiento de su interior, que provoca una contracción progresiva de todo el cuerpo celeste.
Así, el estudió precisó que la Luna redujo su radio unos 45 metros en los últimos 400 a 800 millones de años, dejando más de 10.000 fallas geológicas en su superficie. Este descubrimiento demuestra que el satélite -aparentemente inmóvil- continúa experimentando transformaciones internas que podrían tener consecuencias para las futuras misiones espaciales, como es el caso de los terremotos.
Y es que la Luna no solo está disminuyendo de tamaño. Sus fallas podrían seguir activas y desencadenar movimientos sísmicos, un riesgo que adquiere especial relevancia ante los distintos planes de establecer una presencia humana duradera sobre su superficie.
En 2024, la NASA realizó un histórico hallazgo en la Luna: una especie de “mundo subterráneo” plagado de cuevas, que podría representar un buen lugar para construir una base lunar. Un equipo internacional de científicos probó la existencia de un túnel en el subsuelo lunar. Ese descubrimiento proporcionó la primera evidencia directa de un tubo de lava accesible bajo la superficie de la Luna. Leonardo Carrer, de la Universidad de Trento, manifestó que “después de todo, la vida en la Tierra comenzó en cuevas, por lo que tiene sentido que los humanos puedan vivir dentro de ellas en la Luna”.
Sin embargo, el reciente informe publicado por The Planetary Science Journal indica que será fundamental identificar las regiones potencialmente activas que pudieran dar lugar a terremotos en La Luna, puesto que ello puede resultar decisivo para elegir emplazamientos de aterrizaje y construir futuras instalaciones. Una base habitada necesitaría considerar no solo la radiación, las temperaturas extremas o el polvo lunar, sino también la estabilidad del terreno.
En el informe consignado por la NASA, se precisó que, al no tener atmósfera, océanos, continentes ni vegetación que difuminaran la vista, la tripulación de Artemis II pudo apreciar con gran nitidez los tamaños, formas y texturas de los accidentes geográficos de la superficie de la Luna. Y es altamente posible que esta misión resulte decisiva a la hora de pensar en una Luna habitada por el hombre. ¿Qué ocurrirá?