Mezclar yerba mate con té verde tiene 3 beneficios según diversos estudios. ¿Cuáles son y cómo aprovecharlos?
Compañero de mañanas, tardes y noches, el mate es una tradición bien argentina. Sin embargo, esto no significa que, con el correr de los años, haya tenido algunas modificaciones. Una de ellas, y que se está popularizando cada vez más, es añadir té verde con la yerba. Esta mezcla ofrece una serie de beneficios nutricionales y fisiológicos, según el National Library of Medicine.
Diversos estudios y expertos comenzaron a observar que tanto la yerba como el té verde comparten compuestos que generan ventajas en el organismo. Además, aportan una experiencia sensorial renovada, más fresca y menos amarga que el mate tradicional.
Tanto la yerba como el té verde son bebidas ricas en compuestos bioactivos. La yerba mate aporta xantinas —como la cafeína, teobromina y teofilina—, vitaminas del complejo B, vitamina C en pequeñas cantidades, minerales como potasio y magnesio, y antioxidantes como los polifenoles (ácidos clorogénicos). El té verde, por su parte, es reconocido por su alto contenido de catequinas (especialmente epigalocatequina galato, EGCG), L-teanina y también cierta cantidad de cafeína.
La combinación permite potenciar la diversidad de antioxidantes disponibles —catequinas del té verde y polifenoles de la yerba— que actúan en rutas similares pero complementarias para reducir el estrés oxidativo celular. Además, la presencia de L-teanina en el té verde modula los efectos estimulantes de la cafeína presente en ambas plantas, favoreciendo una sensación de alerta más estable y menos nerviosismo.
Una de las ventajas más valoradas de esta combinación es su perfil energético suave y sostenido. La cafeína proporciona activación y mejora de la atención, mientras que la L-teanina promueve relajación sin somnolencia y mejora la calidad de la concentración.
Estudios sobre té verde demostraron que la mezcla de L-teanina y cafeína mejora la memoria y el funcionamiento cognitivo a corto plazo. Y al incorporar yerba mate, se añade un matiz de vigor que muchos consumidores perciben como más "vitalizante" que el té verde solo.
En términos de estado de ánimo, los polifenoles contribuyen indirectamente al bienestar al reducir procesos inflamatorios y estrés oxidativo que está asociado con trastornos del ánimo.
Tanto la yerba mate como el té verde están asociados con efectos positivos sobre el metabolismo lipídico y la termogénesis. El EGCG y otros compuestos del té verde favorecen la oxidación de grasas y mejorar la sensibilidad a la insulina en estudios clínicos y observacionales. La yerba mate, por su parte, está vinculada a una ligera supresión del apetito y a mejoras en perfiles lipídicos.
La combinación ofrece un apoyo complementario en programas de control de peso cuando va acompañada de dieta equilibrada y ejercicio: estimulación metabólica moderada, mayor sensación de saciedad y aumento del gasto energético en reposo. Sin embargo, no es una solución milagrosa; sus efectos son modestos y se maximizan dentro de un estilo de vida saludable.
Además, ciertos compuestos de esta mezcla muestran actividad antiinflamatoria, lo que ayuda a modular procesos que contribuyen a enfermedades metabólicas, cardiovasculares y neurodegenerativas.
La riqueza en polifenoles convierte a esta mezcla en una bebida con elevada capacidad antioxidante, neutralizando radicales libres y reduciendo daño oxidativo a nivel celular, lo que se traduce en menor riesgo de enfermedades crónicas a largo plazo.
Por otro lado, las investigaciones sugieren que el consumo moderado de té verde ayuda a reducir la presión arterial y mejorar los perfiles lipídicos. Y la yerba mate también demostró efectos favorables sobre el colesterol LDL y los triglicéridos en determinados ensayos. La combinación potencia estos efectos protectores cardiovasculares.