Cuatro universitarios cubrieron una superficie de los Alpes con mantas de lana natural para frenar el retroceso del hielo. Qué pasó con el experimento.
Cuatro estudiantes de maestría de la Universidad de Lausana (UNIL) taparon 200 metros cuadrados del glaciar Tsanfleuron, en los Alpes suizos, con mantas de lana de oveja y lograron reducir el deshielo en más del 50% en apenas tres meses. El experimento, denominado "Keep It Wool" y extendido entre junio y septiembre de 2026, demostró que el tejido natural ofrece una protección comparable a la de las lonas sintéticas que se usan desde hace décadas en la preservación del hielo alpino, con la ventaja adicional de ser completamente biodegradable.
Los cuatro responsables del proyecto —Maxime Galley, Elliot Gaffiot, Jose Bastidas y Léonard Duloube— trabajaron en colaboración con la organización ambientalista Summit Foundation y el Centro Interdisciplinario de Investigación de Montaña (CIRM) de la UNIL. Su objetivo era encontrar una alternativa a los geotextiles sintéticos que se usan habitualmente para cubrir glaciares, pero que generan microfibras plásticas contaminantes al degradarse.
El 22 de junio el equipo instaló sobre el glaciar dos prototipos tejidos por la firma Fisolan, cada uno de 10 por 10 metros y de distinto grosor, junto con una cobertura de geotextil convencional del mismo tamaño para comparar resultados. Las piezas se sujetaron con sacos de malta reciclados rellenos de gravilla. Durante todo el verano, los investigadores tomaron mediciones cada dos semanas mediante estacas colocadas en el centro de las zonas protegidas para registrar la pérdida de nieve y hielo.
Los primeros datos superaron las expectativas: ambas coberturas de lana limitaron el derretimiento tanto como las lonas sintéticas de referencia. El prototipo de mayor grosor mostró un desempeño levemente superior. "Ahora tenemos un resultado que podemos ver e incluso tocar. Funcionó increíblemente bien", afirmó el estudiante Gaffiot en declaraciones a Reuters. Incluso Niklaus Saegesser, responsable de Fisolan, admitió que la durabilidad del producto lo tomó por sorpresa: "Pensé que no sería suficientemente estable".
Detrás del experimento hay además una lógica económica y ambiental para la industria ovina suiza: entre el 40% y el 70% de la lana esquilada en el país se descarta cada año por composición o se incinera. Timothée Steiner, director del proyecto por parte de Summit Foundation, explicó que la iniciativa buscaba precisamente encontrar un uso productivo para ese recurso que suele terminar como residuo.
Los resultados son preliminares y los investigadores aclaran que todavía deben analizarse con mayor profundidad antes de extraer conclusiones definitivas sobre la eficacia a largo plazo. El contexto en que se desarrolló el experimento también es relevante: el calor récord de 2026 derritió la nieve con semanas de anticipación respecto a años anteriores, agravando el retroceso del hielo alpino. Los glaciares del país perdieron casi el 40% de su masa en las últimas décadas y cerca de mil pequeñas formaciones desaparecieron por completo.
Pero el propio equipo reconoce los límites de la solución. Las coberturas —ya sean sintéticas o de lana— protegen apenas el 0,02% de la superficie glaciar suiza y permiten conservar unos 300.000 metros cúbicos de nieve por año, una cifra modesta frente a los casi mil millones de metros cúbicos de hielo que el país pierde anualmente. Steiner fue categórico: "Pensar que podemos salvar los glaciares cubriéndolos con lonas es como poner un apósito sobre una herida que no deja de crecer". Las mantas son una medida paliativa, no una solución estructural. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, insistieron los estudiantes, sigue siendo la única vía real.