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POR FABRICIO ABATTE - abattef@lmneuquen.com.ar
No hay carrera de Turismo Carretera sin asadito bien regado, sin el humito, el crujido de brasas ardiendo y ese olorcito incomparable. Tampoco sin casillas rodantes, carpas y amigos fierreros. Es la esencia misma, el folclore que rodea a la Máxima y que hoy pudo apreciarse en todo su esplendor en un autódromo de Centenario abarrotado de gente.
Ahí está Pancho, un fana tuerca que llenó la parrilla de chori y todo tipo de cortes de carnes. En la popu, solo el alambrado y unos pocos metros lo separan de la pista donde más tarde se consagrará campeón Canapino. Lo aplauden, en agradecimiento, esos diez comensales que ya metieron morcilla, fiambres y cervecita helada en la previa.
La carrera hasta parece una excusa. Gané quien gane, ellos son felices allí. Unos del Chivo, otros de Ford, todos juntos. Hay regionales y bahienses, hay alegría y pasión.
Le hace competencia la banda de Osvaldo Domínguez, “de Rincón de los Sauces, de Roca y de toda la zona”. Aunque en lugar de carbón usan leña. “Acampamos desde ayer y la verdad la pasamos bárbaro”, comenta junto a uno de sus amigos. El resto salió a comprar más fernet y Coca.
La popu tiene ese encanto especial. Y el que no armó su propio asadito lo compraba en la puerta de acceso, en un gigantesco puesto donde calculaban vender “más de 600 chori…”. Es que claro, los vendedores ambulantes también hicieron su negocio aprovechando el lleno total. Gente de todas las edades y puntos del país.
Sólo entre la multitud anda Sebastián Zalazar. Viajó desde Resistencia Chaco, cruzó buena parte del país para alentar a su querido Chevrolet y lo encontramos eufórico en pleno festejo.
“No me tomo vacaciones, me las guardó para ir a ver TC. Y por suerte pude ver hoy a Canapino otra ve campeón. Es la alegría más grande, el Chivo es un sentimiento”, celebra el hombre de pelo larga, gorrita negra de Chevrolet y remera roja de esa marca. Mientras la 15, como se conoce a la hinchada del Chivo, entona una vez más el “Vení vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de Canapino, todos la vuelta vamos a dar…”.
Dos pilotos locales de esa marca también son protagonistas. Al neuquino Camilo Echevarría le cuesta llegar a boxes entre tanta demostración de cariño. Y el Manu Urcera es vitoreado al salir a pista.
Color y emoción. Como la que siente Mauro Giallombardo, el piloto que volvió de la muerte tras el accidente en La Angostura al ver ganar al Pato Silva, que corre con su auto…
Eso es el Turismo Carretera señores. Es el asado, la pasión, las lágrimas. Gracias por esta definición. Gracias por volver en 2020. Máxima alegría.
Histórico: Canapino se coronó otra vez campeón del TC en Centenario