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Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar
Entre automovilistas que le destinaban un bocinazo en tono de saludo y respeto, y fieles que llegaban con velas y botellas de vino, un grupo de narradoras de esta ciudad también se acercó hasta el santuario ubicado en la Ruta 22 frente a la Estación Terminal de Ómnibus de Plottier para rendirle tributo al Gauchito Gil al cumplirse 142 años de su muerte.
Por segundo año consecutivo, estas mujeres que conforman el Colectivo de Narradoras y Otras Artes realizaron una lectura de cuentos y poemas como parte de su veneración al "gaucho milagroso".
"La gente le ofrenda velas, cigarrillos y hasta vino; nosotras, en cambio, le ofrecemos lo que en realidad amamos profundamente, que es leer", explica Aída Pérez, una de las integrantes del grupo y devota de aquel joven correntino que tras participar en la guerra de la Triple Alianza fue reclutado por el Partido Autonomista para pelear en la guerra civil correntina y, debido a su deserción, fue capturado y colgado en un árbol.
Mientras se prepara para leer un poema del escritor correntino Fabián Yausaz, la mujer cuenta que, como tantos otros fieles, le pide "salud". "Pero, además, el Gauchito me genera esperanza, optimismo y una fuerza especial para seguir haciendo cosas contra todas las adversidades", sostiene.
Pérez cuenta que durante los viajes le llamaban la atención los santuarios al costado de las rutas. "Me parecía todo muy pintoresco, con banderas rojas, los mensajes que deja la gente, las velas rojas derretidas en las ermitas. Me llamaba la atención esa cuestión estética, pero después eso se transformó en una aproximación espiritual. En todos los lugares donde está el Gauchito se junta gente con una energía positiva", explica.
Mientras los fieles llegaban con pedidos por cuestiones de trabajo, buena salud, mejoras económicas y necesidades materiales, combatiendo las fuertes ráfagas de viento, Judith del Pino abría el libro Las Malas de Camila Sosa Villada. Cuenta que sus compañeras le contagiaron el entusiasmo que la llevó a tener un Gauchito en su casa. "Me interesa como el santo popular que es, un pagano no aceptado por la Iglesia, y que te acerca a esas creencias populares", describe.
Del Pino es la directora de Colgado de los tobillos, el espectáculo de narración oral que desde el año pasado este colectivo de narradoras viene presentando en distintos lugares de la ciudad y que cuenta la historia del Gauchito Gil basado en la novela El retobado del escritor Orlando Van Bredam.
Silvia Echavarri confiesa que toda su vida fue agnóstica, pero se entusiasma con lo que genera en los fieles que se acercan al santuario. A su lado, Silvia Juncos comenta que eligió textos de Franco Rivero, un escritor nacido en Ituzaingó, Corrientes, porque en una entrevista se enteró que "tuvo una infancia dura por ser gay y que pudo sobrevivir en ese pueblo homofóbico gracias a la ayuda del Gauchito Gil".
La literatura también le rindió culto al más humilde de los santos populares de Argentina.
Colgado de los tobillos se llama el espectáculo de narración oral que el Colectivo de Narradoras viene presentando en distintas salas y teatros de Neuquén. El año pasado, en el santuario de Plottier, además de leer, representaron partes del espectáculo dirigido por Judith del Pino basado en la novela El retobado de Orlando Van Bredam, que cuenta la historia de Antonio Mamerto Gil Núñez. ”El Gauchito Gil era un justiciero popular”, definió su autor. Explicó que “tiene un origen pagano, fue santificado por su pueblo y no por la Iglesia; pertenece a la clase más baja, y esto arrastra la simpatía de sus iguales, lo vuelve uno de ellos, es confiable y cercano. Y por último, otorga favores y milagros comprobables, y esto no se puede discutir desde ningún plano racional”, de allí la multiplicación de los devotos cada 8 de enero.
Lo que dejó el viento tras su paso: ramas caídas, voladura de techos y semáforos rotos