La mujer fue condenada por el delito de "homicidio doblemente calificado por alevosía y por el vínculo", que contempla como única pena la prisión perpetua.
El cuerpo del bebé fue encontrado en una acequia cercana a la casa del barrio Boca en la que vivía su progenitora. Había sido arrojado con una bolsa de nylon envuelta en la cabeza.
Poco antes de conocerse la sentencia, la mujer dijo que estaba arrepentida y agregó que Dios la había perdonado.
Durante la ronda de alegatos, la fiscal Erika Leguizamón había reclamado prisión perpetua con la que finalmente el tribunal, por unanimidad, coincidió en hacer lugar al planteo.