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El COVID-19 continúa siendo una amenaza pese a los esfuerzos de la ciencia para avanzar la transición de pandemia a endemia, la menor letalidad de las nuevas variantes, como Ómicron, y la altísima inmunización combinada entre las vacunas y los contagios masivos.
A pesar de la falta de interés de la opinión pública con respecto a la enfermedad dos años después de su explosión en todo el mundo, los investigadores continúan desarrollando nuevos fármacos, denominados de segunda generación, que sean más fáciles de producir, almacenar y administrar. Al mismo tiempo, el gran objetivo es que protejan contra más de un linaje y que incluyan protección contra otros virus respiratorios para una combinación satisfactoria. Su elaboración podría favorecer una distribución más equitativa entre todos los países, incluidos los menos pudientes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) expresó que alrededor de 153 vacunas ya estaban en proceso de ensayos clínicos con humanos, y 193 aún no habían atravesado esa etapa. De todas formas, muchas de ellas utilizan sistemas ya conocidos.
Miriam Rozanek, integrante de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), enumeró los desarrollos que están más adelantados: “La de Novavax, de Estados Unidos; la de GFK con Sanofi; de Medicago con Glaxo; la Covaxin, de India, y una cubana del instituto Finlay han logrado grandes resultados en los estudios previos”. El Ministerio de Salud comandado por Carla Vizzotti anunció que también hay un inmunizante de producción argentina elaborado a partir de la variante Gamma, llamado “Arvac-Cecilia Grierson”, basado en proteínas recombinantes, que está a punto de comenzar la fase 1 de investigación y que se espera que pueda llegar al mercado en 2023.
Una de las principales diferencias de las nuevas vacunas con respecto a las ya conocidas radica en el proceso de refrigeración; las formulaciones liofilizadas -es decir, hechas en polvo-, se reconstruyen por sí solas en el momento de la aplicación. Otras candidatas, como las adyuvantadas para las personas mayores, cuentan con una serie de componentes que ayudan a potenciar la respuesta inmune del organismo. “La inmunización demostró ser la llave para salir del encierro y de esta situación que destruyó economías, vidas, familias y puso en duelo a toda la sociedad. No obstante, hay un 40 por ciento de la población mundial que todavía no accede a ellas, ya sea con una dosis o con los dos componentes, y hay trabajo por hacer”, resaltó la experta.
A su vez, los investigadores están efectuando pruebas con fármacos de diferente administración, como los intranasales o los orales, que incluso podrían aumentar la eficacia ante la infección y generarían una cantidad de anticuerpos similar a la del propio contagio .
Argentina, tercera en la región en inocular con dosis de refuerzo
A pocos meses del inicio de la temporada invernal, y con pocas medidas de bioseguridad aún vigentes, será clave la aplicación de las terceras dosis en Latinoamérica ante el posible arribo de la subvariante de Ómicron BA2. En ese indicador, y más allá de que es una de las naciones que más inoculó a sus ciudadanos con el primer componente -el 89% inició su esquema-, Argentina aún tiene una cuenta pendiente: sólo en la región, está en tercer lugar, por detrás de Uruguay y de Chile. Sin embargo, la situación epidemiológica es más que positiva, ya que los casos disminuyeron drásticamente por décima semana consecutiva, los fallecimientos por fecha de diagnóstico están por debajo de los diez diarios y la ocupación de camas de terapia intensiva no supera las 500 personas con coronavirus por primera vez desde junio de 2020, en pleno aislamiento obligatorio.