La Selección Argentina tuvo una previa a la altura antes de enfrentar a Jordania por el cierre de la fase de grupos del Mundial 2026.
A las seis de la tarde Dallas era otra ciudad. No porque el calor hubiera desaparecido —seguía ahí, pegajoso, texano—, sino porque ya permitía disfrutar. El primer banderazo había sido a las tres de la tarde y fue una batalla contra el sol. Esta vez, el horario jugó a favor. Minuto a minuto el Klyde Warren Park se fue llenando hasta convertirse otra vez en una pequeña embajada argentina con varios extranjeros.
Tres trapos con la cara de Diego Maradona se movían sobre el cielo, mientras cientos de personas giraban en ronda entre bombos y canciones. La que más fuerte sonó fue una que ya pide pista entre las favoritas: "Quiero ver la cuarta estrella brillar en la camiseta. Soy argentino de la cuna hasta el cajón. Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. Argentina, quiero verte bicampeón". Hermosa.
Las banderas también contaban historias. Había telas con nombres de ciudades argentinas, otras con homenajes familiares y una frase que se repetía: "Estás para eso, viejo", el guiño al Indio Solari a Messi.
Bombos, camisetas, abrazos entre desconocidos y una certeza: mañana juega Argentina. Aunque hay un detalle que se repite cada vez más. Muchos de los que llegaron ni siquiera son argentinos. Vienen de otros países y persiguen un mismo objetivo: ver a Lionel Messi. En este Mundial, por momentos, parece haber más hinchas de Leo que de la Selección. Y eso tiene consecuencias. La principal está en el bolsillo. Conseguir una entrada se volvió una misión casi imposible y la pregunta más repetida en las calles ya no es "¿de dónde sos?", sino "¿tenés entradas?". La reventa está completamente fuera de escala.
También cambió la manera de contar el Mundial y el banderazo no fue ajeno. Había decenas de creadores de contenido entrevistando prácticamente a las mismas personas. Si prestan atención en redes sociales, muchas caras se repiten una y otra vez. No es casualidad. Hay muchísimos micrófonos buscando historias y relativamente pocos argentinos para encontrarlas. El fenómeno terminó generando algo curioso: por momentos parece que el turismo hubiera venido a observar al hincha argentino como una atracción más del Mundial.
Suena exagerado, pero caminando entre las cámaras, los celulares y las filas para una foto, esa sensación aparece. Cuando cayó la noche, el parque empezó a vaciarse. Las gargantas ya estaban calientes, los bombos descansaban y la ciudad quedó lista para lo importante. Mañana ya no habrá canciones de previa. Habrá fútbol. Y para eso, vinimos todos.