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Uno de los refuerzos que llegó en el último mercado de pases fue apuntado por el cuerpo técnico y la dirigencia.
El fútbol colombiano ha dado grandes figuras, pero también casos como el de Jaime Peralta, un jugador cuyo talento innato parece opacado por una actitud que lo aleja de la grandeza. A sus 20 años, el delantero ya acumula más polémicas que goles decisivos, y su reciente paso por San Lorenzo de Almagro terminó en un escándalo que selló su salida del club.
El desenlace fue rápido y contundente: tras faltar sin justificación a un entrenamiento, las directivas del Ciclón decidieron rescindir su contrato. Lo irónico es que apenas unos días antes, Peralta había sido héroe al marcar el gol agónico contra Racing.
Pero en el fútbol, la gloria es efímera cuando no va acompañada de profesionalismo. En el Ciclón sabían de sus problemas fuera de la cancha, pero en un contexto de necesidad extrema y a bajo costo, la directiva que encabeza Marcelo Moretti, muy cuestionada, decidió contratarlo de todas formas para tener un plantel un poco más largo.
Peralta no es nuevo en este tipo de situaciones. En Colombia, su carrera ya estaba marcada por la indisciplina. En Independiente Medellín, su entonces técnico, Alfredo Arias, lo descartó públicamente después de múltiples advertencias: "Peralta me venció, es un muchacho joven que intentamos ayudar una, dos, tres, cuatro veces… perdí la cuenta", declaró el estratega. Su paso por Cúcuta tampoco logró enderezar su rumbo.
Esta vez, el detonante fue su ausencia en la práctica del martes, justo después de haber sido visto, el día anterior, en la concentración de la Selección de Brasil, posando con estrellas como Vinicius y Raphinha. Un gesto inocente en otro contexto, pero que sumado a su falta de compromiso con San Lorenzo, terminó por colmar la paciencia del club.
Aunque ya se había decidido su salida, Peralta apareció en el entrenamiento del miércoles, pero no se le permitió integrarse al grupo. En lugar de guardar silencio, optó por subir un mensaje críptico en Instagram: "Así es mi vida. Miles de rumores y nadie sabe la verdad", acompañado de un emoji de locura. Una publicación que, lejos de aclarar las cosas, solo reforzó la imagen de un jugador incapaz de asumir responsabilidades.
San Lorenzo ya trabaja en su desvinculación definitiva, apelando a una cláusula de rescisión por indisciplina. Mientras tanto, el futuro de Peralta es incierto: su talento es innegable, pero sin un cambio de mentalidad, podría terminar como otro caso más de promesa desperdiciada. El fútbol perdona muchas cosas, pero rara vez el despilfarro de oportunidades.