El equipo perdió su quinto partido seguido y la gente explotó contra los jugadores, la comisión directiva y el cuerpo técnico.
La caída de River ante Rosario Central, este domingo por la tercera fecha del Clausura, fue la quinta seguida del Millo. La final del Apertura con Belgrano, el partido ante Aldosivi por Copa Argentina y los tres encuentros del Apertura conforman la peor racha de derrotas del Millo en su historia en el fútbol profesional.
El Monumental es un volcán a punto de erupcionar. El equipo del Chacho está en caída libre y el semestre recién comienza. Desde antes del partido, la decisión del club de que ni el cuerpo técnico ni los jugadores realicen declaraciones, fue todo un mensaje.
El clima estuvo caldeado desde el minuto cero. Cuando la voz del estadio nombró a los titulares, varios futbolistas fueron recibidos con silbidos. El entrenador Eduardo Coudet tampoco se salvó del repudio, aunque en menor medida que sus dirigidos. La paciencia de los hinchas, que ya venía desgastada por los malos resultados, se rompió definitivamente cuando Nicolás Otamendi, en un infortunio, marcó en contra y puso el 1 a 0 para el Canalla.
A partir de ahí, el clima se volvió cada vez más tenso. Desde las tribunas bajó el clásico grito de aliento que en otras épocas era sinónimo de esperanza, pero esta vez sonó con un dejo de desesperación: "movete, River, movete...". Sin embargo, el equipo no respondió. En el entretiempo, los silbidos volvieron a hacerse sentir para repudiar una producción pobrísima en los primeros 45 minutos.
El segundo tiempo trajo un espejismo de reacción. River tuvo chances claras para empatar, pero la falta de puntería y la desesperación jugaron en contra. El momento de quiebre definitivo llegó cuando Giovanni Cantizano casi sentencia el partido con un contraataque que pudo significar el 2 a 0 para Rosario Central. La tribuna, que hasta ese momento contenía la furia, explotó sin filtro.
"Jugadores..." fue el primer cántico que bajó desde las cuatro puntas del Monumental, seguido inmediatamente por un coro que retumbó en todo el estadio: "que se vayan todos". Los hinchas, que habían soportado en silencio la caída en el rendimiento, ya no tenían más paciencia. Una vez finalizado el encuentro, los silbidos fueron ensordecedores, un manto de bronca que cubrió cada rincón del estadio.
Pero el enojo no se quedó solo en las tribunas. En los pasillos y el hall del Monumental, comenzó a tomar fuerza un nombre: Ramón Díaz. El histórico entrenador, ídolo de la institución y autor de gloriosas campañas, fue pedido por un sector de la hinchada como la solución para salir del pozo. El "Pelado" suena con fuerza en un momento en el que Coudet está en la cuerda floja y el equipo no encuentra rumbo.
La situación es crítica. River acumula cinco derrotas consecutivas, algo que no sucedía en décadas, y el golpe anímico es devastador. Los futbolistas, que hace no mucho eran ovacionados, ahora caminan con el peso de los silbidos y los cánticos de repudio. El Monumental, que supo ser una fiesta, se convirtió en un tribunal.
El próximo partido será una prueba de fuego. No solo para los jugadores, sino también para Coudet, cuyo crédito se agota partido a partido. Y mientras el entrenador busca respuestas tácticas, los hinchas ya eligieron a su posible salvador: Ramón Díaz. La pregunta es si la dirigencia escuchará el reclamo de un Monumental que, anoche, dijo basta.