En el Xeneize ya empiezan a planificar el modo de reforzar el equipo para el segundo semestre del 2026.
A Boca le queda un partido para cerrar su semestre. El duelo, que define muchas cosas en el Xeneize, es contra la Universidad Católica, el próximo jueves, en el marco de la última fecha de la fase de grupos de la Copa Libertadores. El equipo de Claudio Úbeda debe ganar o ganar para seguir con vida en la competición. Y siguiendo esa obsesión por la séptima, Juan Román Riquelme y compañía saben que deben reforzar el equipo de cara a los hipotéticos cruces de la copa, camino a la final.
En ese contexto, una relación que se había terminado tormentosamente y que parecía sentenciada va camino a revivir. Boca y Sebastián Villa era un vínculo totalmente roto, cuando el jugador se fue por la puerta de atrás hace tres años. Hasta se especuló con un posible pase a River. Sin embargo, algo cambió y, tras algunos indicios, ahora el club le abre las puertas a un posible regreso.
Hoy por hoy, para Boca, Villa es prioridad ya que en materia de ataque hoy el diagnóstico de lo que el Xeneize debe mejorar, a partir del análisis de Juan Román Riquelme y sus colaboradores cercanos, de cara al mercado de pases y contemplando lo que tiene el plantel y lo que perderá.
Es que es prácticamente un hecho que Exequiel Zeballos no continuará en el club (se espera una venta inminente) y eso activará la urgencia que -de todos modos- se entiende hay para reforzar en la zona decisiva. Algo reflejado, por ejemplo, en la búsqueda de un reemplazante para Miguel Merentiel.
El tema Sebastián Villa en Boca tiene un trasfondo, que se remite a una relación de idas y vueltas con el club que comenzó allá por 2020 con las primeras acusaciones que recibió por violencia de género y que terminó con su condena de dos años y un mes en suspenso, en junio de 2023. Fue unos días antes de que el colombiano agarrara su bolso y dejara Boca Predio para intentar seguir su carrera en otros rumbos, algo que logró con mucha dificultad en los primeros tiempos, cuando lo único que pudo cerrar fue un acuerdo en Bulgaria para jugar en el Beroe, un ciclo en el que no se destacó pero que le sirvió para seguir activo.
Todavía en esos tiempos retumbaban las palabras siempre elogiosas de un Riquelme que tuvo al delantero entre sus debilidades, incluso elogiándole su profesionalismo a la hora de entrenar. Y unos meses después, apareció en el horizonte cercano la chance de Independiente Rivadavia. Y como el Ave Fénix, Villa resurgió. "Parece que Mendoza no es Argentina", dijo el presidente Xeneize en enero, en alusión a cómo la opinión pública dejó de centrarse en los problemas legales del jugador a diferencia de cómo lo hacía cuando jugaba en Boca. Incluso, sugirió sin develar detalles que tanto él como Miguel Ángel Russo hicieron cosas "que Miguel se llevó a la tumba", en relación a cuidarlo y ayudarlo en momentos difíciles.
En cuanto a Villa, en los últimos días declaró que "Riquelme me puede llamar" y cambió el rumbo definitivamente de algo que en enero parecía más imposible que nunca, cuando hasta se había referido a JR en otros términos, aludiendo a una relación que "no terminó bien".
Pero lo sustancial en lo que venga será lo que se negocie en partida múltiple: entre lo que Independiente Rivadavia quiera obtener por el jugador, el compromiso tácito que el club mendocino asumió para facilitar su salida y -no menos importante- que se zanjen las diferencias legales que existen entre Boca y Villa, hechas realidad en dos juicios cruzados donde ambas partes reclaman los derechos de un contrato que quedó inconcluso.