Así fue la última práctica del capitán con la selección, en la previa al partido frente a Benín.
Lionel Messi sonrió mucho en el último entrenamiento de su vida con la Selección Argentina. Estuvo desfachatado, tranquilo, por momentos parecía un día más en Ezeiza.
Tocó la pelota, bromeó con sus compañeros y caminó por el predio que lleva su nombre con la liviandad de quien parece haber entendido antes que todos los demás que llegó el momento.
Mientras un país empieza a sufrir su despedida, Messi parece haber hecho las paces con ella.
Tal vez por eso las imágenes de este lunes resultaron tan movilizantes. Daban ganas de dejarlas en loop, como si repetirlas pudiera frenar el reloj. Porque detrás de esa sonrisa estaban todas las últimas veces que llegarán este martes: el último viaje al Monumental, el último vestuario, el último himno, la última formación y la última vez que la camiseta número 10 de Argentina tendrá su apellido.
Buenos Aires amaneció este martes 6 de octubre del 2026 con sol y 17 grados, y una sensación difícil de explicar. En las escuelas se habla de Messi. También en las oficinas, los bares, los trabajos y el subte. “Gracias, capitán”, dicen los carteles urbanos de la Ciudad. Todo parece preparado para una contradicción inevitable: organizar una fiesta alrededor de algo que nadie quiere que termine.
Será, probablemente, la despedida más bipolar de todas: la cumbia y las lágrimas. La música comenzará varias horas antes del partido. Desde las 17.30 pasarán Seba Mendoza, Román El Original, Amar Azul y Q' Lokura. A las 19 llegará Damas Gratis y después será momento del himno. A las 20, Argentina enfrentará a Benín y durante noventa minutos todavía podremos hacer de cuenta que nada termina.
El problema será cuando el árbitro marque el final. Después llegarán los homenajes, las luces, los drones y más música. Y aparecerá Soledad Pastorutti. Tiene apenas unos minutos asignados dentro de una ceremonia enorme, pero alcanzaría con escuchar los primeros acordes de Brindis para entender que ya no habrá demasiado por hacer: “Seguir creyendo que hay un Dios”.
Entonces habrá que aguantar. Porque pocas historias representan mejor esa frase que la de Messi con Argentina. Creer cuando no salía. Volver después de perder. Escuchar que nunca sería suficiente y presentarse otra vez. Caerse en una final, levantarse y llegar a la siguiente. Insistir hasta transformar aquello que parecía una condena en Copa América, Finalissima y Mundiales.
Y en medio de todo aparecerá inevitablemente Diego Armando Maradona. Hace años, cuando todavía discutíamos a Messi mucho más de lo que lo disfrutábamos, Diego pidió paciencia. Dijo que había que dejarlo jugar y que cuando terminara su carrera sería momento de decidir qué lugar ocupaba en la historia.
No llegó a verlo campeón del mundo. Qué locura. No vio a Messi levantar la Copa que él había izado en México. Tampoco podrá estar esta noche para escuchar la respuesta a aquella discusión. Pero habrá más de 80 mil personas en el Monumental. Habrá camisetas del 86 mezcladas con las de Qatar. Padres que crecieron con Diego y chicos que crecieron con Leo. Habrá cumbia, fuegos artificiales, canciones y lágrimas.
Y en algún momento de esta noche llegará la pregunta que acompañó toda su carrera. ¿Cómo vamos a recordar a Lionel Messi? El Monumental está listo para responder. Y, ¿saben qué? Va a decir que sí, que es el mejor deportista de la historia.