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El "1" del Santo aprendió todo de su papá "Pirulo" González y el domingo fue figura en el Regional Amateur.
San Patricio del Chañar se recuperó del traspié en Bariloche y logró la clasificación para seguir en camino en el Regional Amateur. Lo hizo de la mano de su arquero que, en apenas un año, se ganó su lugar y el corazón de hinchas y compañeros. Mateo González, de 23 años, nacido y criado en Mariano Acosta (Merlo, Buenos Aires), llegó a comienzos de temporada al "Santo" y el último fin de semana fue la figura, atajando dos penales para eliminar a Cruz del Sur en Neuquén, después del 1-0 en los 90 minutos.
"Fue un partido duro. Sabíamos que lo teníamos que dar vuelta porque nos vinimos con una derrota de Bariloche. Lo perdimos allá con dos jugadas específicas, pero sabíamos que acá lo teníamos que dar vuelta”, dijo Mateo a LMNeuquén.
El Santo sabía que era un duelo con cierta dificultad, pero la convicción de meterse en la tercera ronda del Regional terminó siendo combustible para empujar hasta encontrar el gol salvador de José Cabañas. “No encontrábamos el gol hasta que lo pudimos hacer en el segundo tiempo. Nos fuimos a penales y, por suerte, salió todo bien”, repasó.
Y si hay un terreno en el que Mateo se mueve como en su casa es en la tanda de penales. No solo por el momento, sino por historia familiar: junto a su papá, "Pirulo" González, forjaron una dupla ganadora en la definición desde los doce pasos. “Es algo que me gusta. Allá en Buenos Aires con mi viejo también pateábamos, atajábamos y jugábamos unos torneos de penales. Así que sí, es algo que me gusta”, comentó.
De aquellos inicios de potrero y barrio, la experiencia y el carácter adquiridos hoy las vuelca en el club para imponerse en los partidos. “Allá en el barrio son torneos que se arman, pero son torneos de penales. Jugaba campeonatos que se hacían y se definían en penales también. Mi viejo me enseñó más o menos lo que es el tema de los penales”, contó.
Pirulo no solo tuvo a Mateo como compañero de dupla en los torneos, sino que también fue su mejor alumno. Con el correr del tiempo, el papá le fue transmitiendo los saberes y las mañas de la disciplina a su hijo. “Mi viejo, en verdad, era el que iba a los torneos; yo lo iba a ver. Después me empecé a animar. Yo pateaba, él atajaba y así íbamos jugando, desde los 17, 18 años que ya íbamos. Él me dio la confianza. Yo pateaba, él atajaba, hasta que me empezó a enseñar un poco más o menos cómo era y le empecé a agarrar la mano”, repasó la historia sobre su facilidad para los penales.
Con esa mentalidad, Mateo mostró una seguridad que contagió al resto en la serie ante Cruz del Sur. “El arquero siempre piensa que la va a sacar. Hay que darle confianza a los compañeros, que el arquero siempre tiene que agarrar alguna”, afirmó.
Así se vivió la tanda donde el Santo aprovechó sus armas y la localía. “Estábamos confiados, nos alentábamos entre todos y nos decíamos que pateáramos confiados, que algo íbamos a hacer, porque sabíamos que en los penales lo ganábamos. Por suerte los hinchas estaban contentos. Fue un logro grande, pero no nos quedamos acá. Ahora estamos un pasito más para ver para qué estamos. Vamos paso a paso, pero siempre para adelante”, enfatizó.
Si bien es hábil pateador, el domingo su tarea fue únicamente quedarse en el arco y demostrar con las manos, porque el plantel ya tenía designado a los cinco ejecutores: “El domingo me tocó atajar nomás, porque ya estaban los cinco pateadores y había que darle prioridad a los jugadores”, afirmó.
Mateo llegó al Chañar a principios de año para buscar continuidad y rodaje, acompañado además por una oportunidad laboral. Hoy, con la clasificación en el bolsillo y a la espera de lo que suceda con el cruce de la tercera ronda del certamen, proyecta un momento de regreso familiar en los días de fiesta de fin de año. “A principios de año llegué acá al Chañar. Ahora, en unos días antes de las fiestas, si Dios quiere, ya vamos para allá a visitarlos. Ahora más que nada es ir a ver a la familia, darle prioridad a eso. No sé si me sumo a un torneíto, pero un picadito con amigos para divertirnos un rato puede ser”, sostuvo con una risa por el reencuentro con amigos también.
Su día a día es como el de tantos jugadores de la categoría, sosteniendo el sueño entre jornadas laborales y entrenamientos nocturnos. “Nosotros trabajamos en el día, después volvemos y a la noche entrenamos. Esa sería la rutina. Estoy trabajando en una empresa de UOCRA. Ya nos estamos adaptando a eso y así le estamos dando para adelante”, expresó.
Sobre el presente del Santo en el Regional, Mateo entiende que la ruta recién empieza a tomar forma luego de una fase de grupos dura. “A partir de ahora sentimos que todos los partidos son cerrados, se definen por un detalle: o donde tuviste un error, o donde el rival tuvo un error. El partido se define. Nosotros ya dimos un pasito, clasificamos la primera fase, que eso era lo importante, ese era un objetivo. Ahora dimos otro pasito más y, paso a paso, vamos a ver para qué estamos”, mencionó.
El próximo duelo lo imagina como otro examen duro, pero con la ventaja de jugar primero en casa. “Ahora tenemos otro duelo y vamos a hacernos fuertes de local. Seguramente nos toque de local primero y buscaremos sacar un buen resultado allá, aunque todavía no dijeron nada”, soltó.
Su próximo rival será Estudiantes, también de Bariloche.
A su vez, el Santo también pelea arriba en la Lifune, donde es el escolta de Independiente. Este miércoles jugará su compromiso ante el Deportivo Rincón y una victoria lo dejaría líder al Santo, poniéndole más picante el cierre de año. “También estamos enfocados en la liga. Jugamos el miércoles, tenemos un partido decisivo porque quedan tres fechas para definir lo que queda del torneo”, concluyó.
San Patricio del Chañar avanzó en el Regional con un arquero que ataja como aprendió en su barrio, y en él encuentra seguridad plena para los desafíos que vienen por delante.