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Opinión: Menotti, jugar bien y jugar mal

El punto de vista del experimentado Lalo Brodi tras el fallecimiento de César Luis Menotti.

La muerte de Menotti reavivó una vieja polémica de nuestro fútbol vernáculo. Una brecha, (me resisto a llamarla grieta) abierta hace muchos años que fue más fogoneada por el periodismo que por los propios protagonistas. Sin dudas, me refiero a la histórica pelea entre el Flaco y Carlos Bilardo. O si prefiere entre Menotistas y Bilardistas.

Las posturas binarias, no son solo patrimonio del fútbol, ni de los argentinos en particular. En cualquier lugar del mundo se podrán escribir mil historias sobre rivalidades territoriales, paladar, tradición, popularidad, místicas y un sinfín de matices que rara vez nos podrán poner de acuerdo.

Porque la discusión sobre fútbol es el componente "no deportivo" que cierra el círculo que lo hace tan apasionante, tan querible, irresistiblemente despiadado.

Por hacer una simple y gruesa definición para saber en qué vereda se posiciona cada uno, coincidiríamos en señalar que Menotti predicaba un juego vistoso, ofensivo, que según él declamaba, definían la fuente de nuestro acervo futbolero. Bilardo, en cambio, se lo consideraba abanderado

del fútbol práctico, directo, con sólidas defensas y mezquinos ataques. Según la división alimentada por sectores interesados pero que con el tiempo arrastraron hasta a los propios protagonistas, para uno importaba más el “como” ganar, para el otro el resultado estaba por encima de todo lo demás.

Al Flaco deberá reconocérsele que fue quien le devolvió a la gente el gusto por volver a ver a la selección, a los jugadores les hizo entender el orgullo de vestir esa casaca y a los dirigentes que sin organización el despegue deportivo sería muy difícil. Hasta entonces, los seleccionados se conformaban con la base de jugadores y cuerpo técnico del equipo campeón del año más algunos refuerzos.

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Poca preparación, desorganización administrativa y una falsa sobrevaluación de nuestras habilidades pretendían ser elementos suficientes como para creer que con eso sobraba.

Y por lo general, cada Copa del Mundo nos golpeaba con dureza. Y no aprendíamos.

Bilardo fue un adelantado para su época. Trabajador incansable, dejó gran parte de su vida por esa pasión que lo obsesionaba, que bien le valió el mote de "loco" y que no se preocupó en desmentir.

Más allá de cuestiones que obedecen más al folklore futbolero como el bidón de Branco o el partido comprado a Perú, ambos tenían distintas visiones de lo macro, pero muchas coincidencias tácticas porque en definitiva hay puntos de encuentro en la medida que se hila más fino.

Visto desde afuera hasta se advierten contradicciones que en realidad obedecen a pragmatismo puro. Sería más o menos, “pienso de este modo, pero no como vidrios”. Entonces, en medio de ese juego bonito y ofensivo Menotti tuvo como estandarte en el mediocampo del 78 al "Tolo" Américo Gallego quien nadie puede asegurar que fuese un virtuoso a la hora de manejar la pelota, pero recuperando hacía sentir su apego a la marca y su rudeza.

¿Y Bilardo? ¿Acaso creen que el narigón desdeñaría a los extremadamente hábiles Miguel Russo, Daniel Bocha Ponce, Marcelo Trobbiani y Alejandro Sabella, campeones del 82 con ese equipazo de Estudiantes?

Me confieso menotista, por la estética, los conceptos tácticos y la idea de tratar siempre bien a la pelota, pero les aseguro que me siento bilardista cuando faltan cinco para el final y mi equipo gana por uno. En ese momento no hay paladar que valga. Algo así como que todos somos ateos hasta que llegan los penales.

Lo que quiero señalar con esto, es que jugar bien o jugar mal no tiene nada que ver con los conceptos de Menotti y Bilardo. En ese caso cada hincha se

identificará más con uno que con otro y a partir de allí, hacerlo bien o mal será una cuestión absolutamente subjetiva. Quien juega mal y gana, algo bien habrá hecho para conseguir la ventaja. Quien juega bien y pierde, en algo se habrá equivocado para no quedarse con la victoria.

Menotti y Bilardo marcaron una gloriosa etapa del fútbol argentino y construyeron un River-Boca entre ellos. Lo bueno es que, de esa síntesis, de ese legado, surgieron entrenadores que nos enorgullecen Bianchi, Sabella, Russo, Saporiti, Bielsa, Gareca, Pekerman incluyendo a Scaloni entre tantos otros.

¿Maradona o Messi? ¿Menotti o Bilardo? ¿Y si mejor pensamos Maradona “y” Messi; Menotti “y” Bilardo?

*por Lalo Brodi

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