La institución aseguró que seguirá reclamando por el fallo que el sacó tres puntos, pero consideró que se excedió en las formas.
San Patricio del Chañar dio marcha atrás en las formas, pero no en el fondo. Después de la fuerte reacción que tuvo la institución neuquina contra el fallo del Tribunal de Disciplina del Consejo Federal que le quitó los puntos del partido ante Deportivo Roca, la comisión directiva publicó un comunicado en el que pidió disculpas por la manera en que expresó su disconformidad.
El mensaje fue dirigido al Consejo Federal y a la Asociación del Fútbol Argentino, y tiene una lectura que supera el caso puntual. El club dice que “se excedió” en la protesta y lamenta que alguna publicación o comentario haya generado malestar, en referencia a la bandera con la que salió el equipo en el partido del domingo. En el mismo texto deja claro que no abandonará el reclamo por una sanción que considera injusta.
“Seguiremos exigiendo justicia con respecto al fallo, pero desde ya lamentamos que algún comentario o publicación ocasionara malestar a las instituciones”, expresó la dirigencia.
La pregunta que queda flotando es por qué un club necesita pedir disculpas por expresarse públicamente. El fútbol argentino tiene una larga historia de dirigentes que eligen el silencio antes que el enfrentamiento con los organismos que manejan las competencias, especialmente en las categorías del interior.
No es una percepción aislada. En 2024, durante una reunión con los clubes de Primera División, Claudio Tapia pidió moderar las declaraciones públicas contra los arbitrajes y que esa línea fuera transmitida hacia técnicos y futbolistas.
En el ascenso y el fútbol del interior, además, existen antecedentes de dirigentes que directamente reconocieron temor a represalias.
Ese temor forma parte de una discusión mucho más profunda sobre el fútbol del interior: ¿qué margen tiene un club chico para reclamar cuando siente que una decisión lo perjudica? El problema no es demostrar que exista una represalia en cada caso —no hay elementos para afirmar que eso vaya a ocurrir con San Patricio—, sino entender por qué tantos dirigentes consideran que confrontar públicamente puede ser riesgoso.
Y en ese contexto aparece el comunicado del Santo.
La institución de El Chañar reconoce que el tono de su protesta pudo haber sido excesivo y busca recomponer el vínculo institucional. “Somos un club que cree en la labor de bien que generamos en la sociedad y queremos un trato justo con respecto a la situación antes mencionada”, señaló la comisión directiva.
Pero el pedido de disculpas también expone una contradicción. San Patricio reclama justicia mientras intenta evitar que su reclamo genere consecuencias institucionales. La dirigencia sabe que el Consejo Federal es el organismo que administra el torneo, interviene en las cuestiones disciplinarias y tiene además bajo su órbita la estructura del fútbol del interior.
El caso puntual tiene además una instancia formal para continuar la discusión. El Tribunal de Disciplina admitió la protesta presentada por Deportivo Roca, consideró incorrectamente habilitado al futbolista Dulcich y dispuso la modificación del resultado, además de una sanción económica y cinco fechas para el jugador.
San Patricio sostiene otra interpretación y ya había anticipado que apelaría. Ahora, con el comunicado, eligió bajar el volumen de la pelea sin abandonar la pelea.
El cierre del mensaje fue una invitación al diálogo. La dirigencia pidió disculpas nuevamente y aseguró que queda abierta a “toda posibilidad de diálogo para subsanar lo ocurrido”.
Es una salida institucional entendible. Pero también deja una pregunta incómoda para el fútbol argentino: si los clubes sienten que para defenderse tienen que medir cada palabra por miedo a las consecuencias, el problema no está solamente en la forma de protestar, sino en el clima en el que esas protestas se producen.