Luego del título de las mujeres albicelestes, la selección masculina le ganó a Países Bajos 2 a 1 y se subió al podio en el mundial de hockey.
Se festejará por mucho tiempo el título logrado el sábado por Las Leonas, la tercera estrella para el equipo femenino de hockey en la historia. Pero también es para destacar lo que pasó al día siguiente. En otra batalla sobre el sintético mundialista, el gran plantel de Los Leones derrotó 2 a 1 a los poderosos Países Bajos y selló su nombre en los anales del hockey argentino, al conquistar su segunda medalla de bronce en la historia de los Mundiales.
Los golpes certeros que doblegaron al gigante naranja llevaron las firmas de Tomás Domene y el eterno Matías Rey. Del otro lado, el descontó Floris Middendorp, pero su tanto no alcanzó para frenar el destino argentino.
El primer cuarto fue un calvario para los albicelestes. Países Bajos monopolizó la posesión y asedió el arco, pero su dominio estéril chocó una y otra vez contra un muro defensivo que no cedió ni un centímetro. El segundo episodio mantuvo la misma tónica feroz: ambos empujaron con córners cortos, pero el arco parecía hechizado y el cero a cero reinó hasta el descanso.
Pero tras el intermedio, la manada despertó. Los Leones salieron con el cuchillo entre los dientes y empataron en intensidad y juego. Fue entonces que, a los 10 minutos, llegó la chispa: un pase magistral de Facundo Zárate fue cazado por Domene, quien con una definición de lujo, rajó el silencio y abrió el marcador.
El último cuarto parecía un sendero allanado hacia la victoria, porque Países Bajos quedó diezmado (10 minutos con un hombre menos) tras la tarjeta amarilla a Jorrit Croon. Sin embargo, paradoja cruel, en ese momento la precisión argentina se esfumó y los neerlandeses, como una fiera herida, empataron gracias a Middendorp desde un córner corto.
Pero esto no es un cuento de derrotas, sino de corazón inmenso. Lejos de arrugar, Los Leones se sacudieron la presión, mordieron el partido y fueron con todo al ataque. Faltando apenas dos minutos para el fin de la odisea, la experiencia divina del veterano Matías Rey (41 años) emergió de un rebote en un córner corto, y con un zarpazo magistral, decretó el 2-1 definitivo y desató el delirio.
Con esta proeza, Los Leones copian su gesta de La Haya 2014 y suman su segundo bronce mundialista, un tesoro que los consagra como leyendas vivas.
En la final absoluta, jugada más tarde, Alemania reafirmó su dinastía y se coronó bicampeón del mundo al derrotar 1-0 a una digna España. El gol de la gloria llegó en el complemento: una ráfaga de genialidad por izquierda, una transición fulminante que desarticuló a la defensa ibérica, y Michel Struthoff (44'), tras desparramar al arquero Luis Calzado, estampó la bocha en el fondo de la red para firmar el cetro teutón.