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No es la primera vez que se utiliza la misma metodología para hacer llegar drogas y psicotrópicos a los internos utilizando los baldes azules en los que se comercializa helado.
Este martes al mediodía un joven de 21 años llevó uno de estos recipientes con comida para un preso. A la hora de la requisa, los penitenciarios advirtieron unos envoltorios mezclados con el alimento.
Ante la sospecha de que podía tratarse de droga, convocaron a la división de Antinarcóticos que extrajo el envoltorio y tras la pericia de rigor descubrieron que se trataba de marihuana.
Se trataba de sustancia suficiente como para armar cuatro porros. El joven fue notificado de la causa federal que se le inició por violar la ley de estupefaciente y luego recuperó la libertad.
Un centenar de pastillas
El pasado 24 de abril, se dio una situación similar en dicha unidad penal de la comarca petrolera. En esa ocasión concurrió la pareja de un preso que le dejó un balde azul con comida en su interior.
La requisa de la cárcel verificó que además de comida había dos envoltorios uno con pastillas y otro con una sustancia vegetal verde.
El procedimiento fue idéntico, se convocó a Antinarcótico que procedió a retirar las sustancias del recipiente y se compró que eran 5 gramos de marihuana y 120 pastillas de clonazepan.
A la mujer se le inició una causa en la Justicia Federal y tras notificarla recuperó la libertad.