Paso a paso para hacer buñuelos de manzana llenos de aroma y textura, ideales para tardes frías o meriendas al estilo casero argentino.
Los buñuelos siempre tienen ese poder mágico de evocarnos la cocina de casa: calorcito, aroma que se filtra por todos los rincones y ese mate circulando entre los comensales.
En esta versión con manzana, la fruta aporta sabor, jugosidad y una dulzura natural que combina de maravilla con la fritura esponjosa.
No hace falta complicarse: la receta es sencilla, casera y perfecta para prepararla en días fríos o para una merienda con amigos o familia.
2 tazas de harina leudante
¼ de taza de azúcar
2 huevos
80 cc de leche
1 cucharadita de esencia de vainilla o un chorrito de licor (opcional)
Ralladura de 1 naranja para aroma
1 manzana pelada y troceada
1 banana pelada y picada
1 cucharada de pasas de uva sin semillas
Aceite para freír
Azúcar común para espolvorear al final
Mezclá la base: tamizá la harina leudante en un bowl amplio junto con el azúcar. Hacé un hueco en el centro y agregá los huevos, la leche, la esencia de vainilla y la ralladura de naranja. Mezclá suavemente hasta obtener una masa homogénea y sin grumos.
Sumá la fruta: pelá y cortá la manzana y la banana en cubitos. Incorporá las frutas a la masa junto con las pasas de uva, mezclando con movimientos envolventes para que se integren bien sin apelmazar.
Calentá el aceite: en una sartén profunda o una olla con suficiente aceite neutro, llevá a temperatura media. Tené cuidado de que no esté demasiado caliente: el objetivo es dorar los buñuelos por fuera sin quemarlos por dentro.
Freí los buñuelos: con una cuchara grande, colocá porciones de masa directamente en el aceite caliente. Freí unos instantes por cada lado hasta que estén bien dorados. Retiralos con espumadera y dejalos reposar sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Toque final: apenas salen del aceite, espolvoreá con azúcar común para dar ese acabado clásico que los hace aún más irresistibles.
Los buñuelos tienen una historia que se remonta a tiempos ancestrales: en la Antigua Roma ya existían versiones de masas fritas conocidas como “globuli”, y con el tiempo se expandieron por Europa y luego al resto del mundo. El toque dulce con miel o azúcar que hoy conocemos guarda influencia de la cocina árabe en la península ibérica.
A lo largo de los siglos, esta preparación se adaptó a distintos contextos culturales, pero su espíritu casero y festivo se mantuvo intacto. Hoy, los buñuelos siguen siendo un clásico que se disfruta sobre todo en reuniones familiares o cuando las temperaturas bajan y se busca algo reconfortante.
Textura: no busques una masa demasiado líquida: debe ser espesa para que los buñuelos queden bien formados y esponjosos.
Aceite bien caliente pero sin humear: si está muy frío, se llenan de aceite; si está demasiado caliente, se doran por fuera y quedan crudos por dentro.
Servilos enseguida: recién fritos son más crocantes por fuera y tiernos por dentro, acompañados con mate o café bien caliente son difíciles de resistir.
Visitá la tienda virtual de Schroeder Wines