Con manzana, banana, pasas y ralladura de naranja, una masa simple que se fríe en minutos. Las claves para que queden esponjosos y sin chupar aceite.
Los buñuelos de manzana se hacen con una masa básica de harina leudante, huevo, leche y azúcar, a la que se le suma fruta en cubitos antes de ir a la fritura. Salen en tandas, se pasan por azúcar apenas dejan el aceite y se comen calientes, con el mate al lado.
En el Alto Valle, donde la manzana sobra en cualquier frutera, es una de esas recetas que resuelven la merienda con lo que hay en casa. La fruta le aporta jugosidad y una dulzura propia que contrasta con la masa dorada y esponjosa.
Esta versión suma además banana, pasas de uva y ralladura de naranja, que perfuma toda la preparación.
Las masas fritas son de las preparaciones más antiguas de la cocina occidental. En la antigua Roma ya existían bollitos de masa fritos y endulzados con miel, y versiones parecidas se extendieron por toda Europa. En la península ibérica, la cocina árabe dejó su huella en la costumbre de bañarlas en miel o azúcar, y de ahí llegaron a América.
Con los siglos, cada lugar los adaptó a lo que tenía a mano. Acá se hacen dulces, con manzana o banana, y salados, con acelga o espinaca. Pero el lugar sigue siendo el mismo: la mesa familiar, una tarde fría y el mate dando vueltas.