Si bien se trata de un corte de carne muy sabroso, cocinar el matambre con la técnica incorrecta puede generar que quede seco o gomoso. Cómo lograr el mejor resultado.
Aunque no tiene la popularidad de la tira de asado o el vacío, el matambre suele estar presente en la parrilla. Corte fino y delicioso, también puede quedar duro, gomoso o difícil de tragar si no se cocina con paciencia y la técnica correcta. La clave para un resultado ideal está antes de la cocción, puntualmente en la preparación.
Que sea sabroso, crocante y que conserve sus gustos no es una meta que sea fácil de alcanzar, incluso para parrilleros expertos, ya que es propenso a secarse o endurecerse si se lo somete a calor directo y muy fuerte sin preparación previa.
Por ello, para lograr que el matambre quede como una “manteca” es importante seguir algunos pasos previos a llevarlo al fuego.
Para un buen resultado conviene elegir un matambre de tamaño y grosor uniforme, y que no sea demasiado grande, preferentemente de entre 1 y 1,2 kilos, lo que alcanzará para entre cuatro y seis personas.
Uno de los pasos previos es limpiarlo, retirando el excedente de grasa, aunque no toda. Dejar una pequeña capa le terminará aportando un sabor especial. También, para lograr una cocción más uniforme, se debe nivelar en las partes mas gruesas, ya sea fileteando con un cuchillo o golpeando con un martillo.
Luego, sigue el paso más importante: tiernizarlo. Ablandar el matambre mejora mucho su textura. Existen dos técnicas para lograrlo:
Si bien la leche es la mejor forma de tiernizarlo, porque tiene la proteína llamada “caseína”, que rompe las fibras de la carne y por eso genera el efecto de terneza, no es la única: se puede usar vinagre, cuyas propiedades relajan las fibras de la carne. Aunque luego, una vez cocido, puede sentirse un poco de sabor ácido.
Uno de los secretos para que el matambre quede tierno en la parrilla es combinar un dorado inicial con cocción a temperatura moderada o indirecta. Para lograr ese resultado, se deben seguir estos pasos: