Cada método tiene sus características relacionadas al corte de carne, los tiempos, la temperatura, el aroma y hasta el humo.
Es sabido que, en Argentina, hacer un asado es mucho más que cocinar carne a la parrilla. Se asemeja a un ritual que tiene al fuego como uno de sus grandes protagonistas. Es en este momento donde se genera una grieta de estilos entre los parrilleros: están quienes utilizan leña para generar las brasas, mientras que otros prefieren el carbón.
Determinar qué método es mejor no es sencillo, ya que cada alternativa tiene características particulares que pueden hacerla más conveniente según el corte de carne, el tiempo disponible y el estilo de cocción. También hay diferencias importantes en el sabor, el aroma, la generación de humo y el control de la temperatura.
Mientras el carbón vegetal permite conseguir brasas rápidamente y controlar con mayor facilidad la temperatura, la leña requiere más tiempo de preparación, pero aporta aromas y sabores típicos que muchos asadores buscan. De hecho, algunos parrilleros optan por combinar ambos métodos para aprovechar las características de cada uno. La elección, finalmente, dependerá del tipo de asado que se quiera preparar.
El carbón vegetal tiene una ventaja que lo convirtió en un aliado fundamental de las parrillas urbanas: es más práctico y rápido de utilizar. Una vez encendido y correctamente distribuido, permite generar una cama de brasas uniforme. Esto facilita el control de la cocción y resulta especialmente útil cuando se prepara un asado para varias personas y se necesita mantener una temperatura.
Otra diferencia importante está relacionada con el humo. Cuando está bien encendido y en buenas condiciones, el carbón genera menos humo visible que la leña. Esto es una clara ventaja en determinados espacios urbanos, donde el exceso de humo es molesto para vecinos o incluso para las propias personas que participan del asado.
Además, el carbón suele resultar más sencillo de manejar para quienes no tienen demasiada experiencia con el fuego. La temperatura se regula mediante la cantidad y distribución de las brasas y, en parrillas con buena ventilación, mediante el control de la entrada de aire.
La principal característica de la leña es que aporta un sabor y un aroma ahumado mucho más presente. Durante la combustión, la madera libera compuestos aromáticos que se incorporan a las carnes. En Argentina, las opciones más comunes son el quebracho y el algarrobo, aunque varía según la región.
Sin embargo, la leña también exige paciencia. Antes de colocar la carne a la parrilla, hay que conseguir una buena cantidad de brasas, por lo que el proceso de encendido suele demandar más tiempo que el carbón. Cocinar directamente sobre llamas muy intensas no es la mejor opción: para la mayoría de los cortes, lo importante es conseguir brasas firmes y controlar correctamente la distancia entre el fuego y la parrilla.
La leña, además, permite al asador intervenir permanentemente sobre el fuego. Agregar un tronco, retirar parte de las brasas o modificar su distribución son maneras de adaptar la intensidad de calor durante la cocción.
Ante las ventajas que ofrece cada método, algunos parrilleros prefieren directamente utilizar ambos: primero, se forma rápidamente una base de brasas con carbón y luego se agregan algunos trozos de leña para aportar aroma. Esta combinación busca aprovechar las dos principales virtudes de cada combustible. El carbón facilita el encendido y ayuda a conseguir de forma veloz una temperatura adecuada, mientras que la madera incorpora un componente ahumado más marcado.