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Por ANA LAURA CALDUCCI - calduccia@lmneuquen.com.ar
Para los pequeños comerciantes de la ciudad, la cuarentena es una trampa difícil de sortear. Con el local cerrado y sin la estructura de las grandes cadenas para vender por internet, no queda otra que el ingenio criollo. De la noche a la mañana, muchos organizaron su propio servicio de delivery artesanal con un celular y la bici, el auto o lo que tenían a mano para el reparto. Con esta modalidad no facturan lo mismo que antes, pero alcanza para salvar el mes en medio de la pandemia.
En los comercios no esenciales, el cierre del mostrador vino por decreto. En los demás, la mayoría bajó la persiana o restringió el horario por miedo. Es que, en un local pequeño, se vuelve casi imposible asegurar la distancia entre un comprador y otro.
“La gente no entiende que tenés un espacio chiquito y solo pueden entrar de a uno”, explicó Silvia, de la verdulería Frutiquén.
Impuesto
Dijo que ella es monotributista y este mes le descontaron 2 mil pesos del impuesto. “Las medidas eran para las categorías más bajas y yo hace 10 años que tengo negocio; entonces, sí o sí tengo que trabajar, pero si pudiera me quedo en mi casa”, comentó
Indicó que, en su caso, el reparto a domicilio surgió a pedido de los clientes de toda la vida. “Viven con los padres o no quieren salir y se cansaron de llamarme para que les tome el pedido, así que se los llevo”, explicó.
Pablo, del mercado Terrazas del Alto, comentó que ellos funcionan solo con delivery desde que empezó la cuarentena.
Plataforma
“A pesar de tener la necesidad de vender, cerramos el local para bajar la exposición de todos los que trabajamos acá, porque la gente no se estaba comportando en mantener la distancia”, relató.
Al igual que en otras pymes, llevan los pedidos a domicilio en su propio vehículo, sin usar las plataformas multinacionales que tienen repartidores en nuestra ciudad.
Pablo aclaró que no lo hacen tanto por los costos. “Cuidamos tanto la higiene adentro, que darle eso a una app no nos parece, porque, si se equivocan, la cara después la damos nosotros con los clientes”, indicó.
Martín, dueño de El Viejo Almacén, coincidió en que las app de reparto no le sirven al que vende en pequeña escala.
“Con esto de la pandemia, habilitamos Whatsapp, Instagram y Facebook y nosotros mismos hacemos el delivery porque queremos que la mercadería llegue bien, no depender de esas aplicaciones porque lo que te define como comercio es la atención a tus clientes y así nos ven que vamos nosotros, pasa por ahí”, argumentó.
Desde el miércoles, la socia de Martín creó también una campaña publicitaria por redes sociales para vender los productos de Pascuas. Además de promocionar chocolates y confites, comparten recetas para hacer en casa durante la cuarentena para alentar las ventas.
Como se trata de comercios chicos, la mayoría cobra por el envío, que, según el rubro, va de 20 a 200 pesos.
Todos coincidieron en que la demanda no es la misma que en los meses previos al aislamiento, pero alcanza para pagar las cuentas. “Se trata de seguir adelante como se pueda, porque uno tiene que pensar que esto un día se va a terminar y tenemos que estar en condiciones para volver a trabajar como antes”, resumió Martín, imaginando los días por venir.
Las ventas a distancia implicaron una adaptación tanto de los comerciantes como de sus clientes. En esa mudanza hacia la virtualidad, la mayor resistencia provino de los vecinos con más de 50 años, no tanto porque les cueste manejar la tecnología, sino por la costumbre aún vigente entre las generaciones mayores de Neuquén de mirar, preguntar y analizar bien cada artículo antes de llevarlo.
“A la gente grande, en las redes, le cuesta un montón, porque por ahí te escriben por Whatsapp o llaman al teléfono y demoran en responder, tienen dudas y no se deciden; no es como la gente más joven, a la que directamente le mandás la lista de precios, cliquean y ya está”, contó Martín, de El Viejo Almacén.
En algunos comercios, la atención en mostrador se mantiene sobre todo para los clientes de más edad, que suelen ser fieles a un mismo negocio durante años pero se resisten a comprar si solo los atienden por internet. Sin embargo, dentro del local, los mayores de 60 son también los que más problemas tienen por estos días para mantener la distancia y respetar las medidas de protección.
Para Silvia, de la verdulería Frutiquén, es una cuestión generacional, que difícilmente cambie en el lapso que dure la pandemia.
“Los de 50 para abajo te dicen ‘dame esto’ y ya está; y los de 50 para arriba entran y dan vueltas y vueltas como si estuvieran de shopping porque siempre fueron así”, observó.
La comerciante señaló que también nota en sus clientes mayores “que buscan la ocasión para escaparse de la casa, quieren ver a los vecinos, salir a ver qué pasa; son los que más riesgo tienen con el coronavirus pero a los que más les cuesta esto de hacer las cosas a distancia”.
Producción. El aislamiento aumentó la demanda de levadura y condimentos y bajaron los fiambres, un signo de que los neuquinos prendieron el horno.
Dinámica. Esta semana, los repartidores se cruzaron más gente en la calle que en los primeros 11 días de aislamiento. Los comerciantes locales coincidieron en que no hubo una suba de las ventas