La solidaridad que hace escuela en el oeste

Una ONG de 7 de Mayo asiste a familias de escasos recursos.

Por Pablo Montanaro - montanarop @lmneuquen.com.ar

“Cada casa es una historia diferente, pero la necesidad es la misma en casi todas las familias del barrio”, define Marcela Núñez, al frente de La Escuelita Solidaria, una asociación civil emplazada en el corazón del barrio 7 de Mayo donde ayer entregaron una merienda a un grupo de familias carenciadas de ese sector de la ciudad.

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Debido al aislamiento obligatorio por el coronavirus, la asociación debió suspender las clases de apoyo escolar y la asistencia psicopedagógica a chicos en riesgo socioeducativo, quienes también recibían una merienda en el lugar. Por eso, tomó la iniciativa de brindarles una ayuda a las familias que más lo necesitan, y los días lunes, miércoles y viernes por la tarde entregarán la merienda.

“Teníamos más de diez chicos anotados para apoyo escolar y otros tanto para la asistencia psicopedagógica. Decidimos convocar a las familias de esos chicos para entregarles la merienda y, en la medida en que podamos, también a otras más”, cuenta la mujer, que en 2008 creó junto con su esposo, Gustavo Guerrero, este espacio de contención y aprendizaje para chicos y adolescentes del oeste.

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Ayer, a través de una ventana de la humilde vivienda donde funciona La Escuelita, Núñez junto con otras voluntarias con guantes y barbijos entregaron las viandas. “Hemos hablado con cada familia para que se acerquen en distintos momentos del día y evitar que se amontonen”, explica.

Por otra parte, desde el jueves pasado pusieron a disposición más de 2 mil libros “para que los chicos y chicas de la zona puedan entretenerse, leer y también para estudiar y hacer las tareas en sus casas. El jueves entregamos 100 libros”.

“Quienes quieran un libro en particular tienen que enviar un whatsapp al 155075899 y les daremos un horario para que lo vengan a buscar. La idea es que los libros circulen y que les demos una ayuda a los estudiantes de primario y secundario para que puedan hacer las tareas que les envían los profesores”, comenta.

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Núñez contó que la situación de las familias del barrio es compleja, ya que en muchos casos el único ingreso es por changas que debido a la cuarentena no pueden realizar. “Un muchacho que trabajaba haciendo changas en la construcción ahora está yendo al basural a juntar aluminio y latas para vender, y también a buscar algo para comer”, explica.

Rosalía tiene 43 años y algunos días de la semana atendía a una pareja de abuelos de 92 años y los sábados tenía su puesto en la Feria del Trueque en Racedo y Novella, donde ofrecía bijouterie y juguetes, entre otra mercadería. “No tengo ningún ingreso. Desde que salió lo de la cuarentena, la familia de la pareja de abuelos, que me pagaba el día, me dijo que no fuera más a la casa, y tampoco puedo ir a la feria. Incluso me hacía unos pesos haciendo tortas y ahora nadie me compra”, describe la mujer, que dice que por ahora se maneja con lo que tiene de comida en su casa, “que compré con lo último que cobré”. Confiesa que se siente mal al no poder trabajar. “No estoy acostumbrada a pedir, pero en algún momento voy a tener que hacerlo si esto continúa en el tiempo”, sostiene.

Ricardo también sufre por la imposibilidad de trabajar, ya que en enero se había empleado en una empresa de seguridad, “pero con lo del aislamiento se cortó”. Además, hacía frente a los gastos con changas de albañilería, “pero nadie te llama ahora”.

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