Buenos Aires.- “La ventaja es que ponés el doble de ganas y das un plus. La desventaja, tal vez, pasa por que hay días en los que las cosas no salen como uno pretende como hincha, y eso me juega en contra por partida doble”. Así lo aseguró Darío Benedetto, delantero y fanático de Boca que lleva los colores en la sangre y es cada vez más querido por los hinchas xeneizes.
El caso de los jugadores-hinchas presenta más de un ejemplo claro en el que el jugador tiene una incidencia mayor que el resto por sentirse identificado por los colores. Sin ir más lejos, Benedetto se convirtió, a fuerza de goles (sobre todo en el tramo final del torneo), en una pieza clave del equipo y se pudo ver a un futbolista mucho más metido que el resto de sus compañeros.
En la vereda de enfrente, aparece Sebastián Driussi como el jugador que más expresa su fanatismo por River. “El profesionalismo no mata al hincha. El otro día le contaba a Marcelo (Gallardo) que estuve en la tribuna cuando le hizo el gol de tiro libre a Abbondanzieri. Cuando era chico iba a la popular”, dijo hace tiempo atrás el goleador de la Banda. El juvenil pasa por un gran momento y es un indiscutido del equipo de Gallardo.
Otros ejemplos actuales son los de Marco Ruben y Maxi Rodríguez en Rosario Central y Newell’s, respectivamente. Ambos gozaron de grandes carreras en el exterior, pero volvieron en gran forma al club de sus amores y en la cancha lo demuestran cada fin de semana.
Es un hecho que el jugador que viste los colores del equipo por el cual simpatiza vive el día a día de una forma distinta.
“La ventaja es poner el doble de ganas y dar un plus. La desventaja, tal vez, pasa por que hay días en los que las cosas no salen como uno pretende como hincha”.Darío Benedetto. Muy cerca de coronarse campeón con el club de sus amores.
No rinden siempre
Ser hincha no garantiza que el rendimiento sea siempre el más óptimo. Sin ir más lejos, Daniel Osvaldo llegó a Boca luciendo sus tatuajes y expresando su amor hacia el club, pero le costó mucho sacarle rédito en lo deportivo y se fue de una manera poco decorosa. En River le sucede ahora mismo a Marcelo Larrondo, confeso fanático millonario, que todavía no puede hacer pie en el primer equipo.
Lo cierto es que el amor por la camiseta no garantiza buen rendimiento ni títulos importantes, pero sí demuestra que un compromiso que excede lo contractual y lo profesional. Un vínculo que va más allá de lo económico y que si es acompañado de buen juego y algo de suerte, puede hacer que el jugador, como dijo Benedetto, de un plus.