Durante la solemne homilía, cocelebrada con un centenar de prelados, y a la que asistieron cientos de peregrinos y religiosos, Francisco habló sobre uno de los grandes males de la sociedad moderna: la indiferencia.
"En un
mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y de poner en práctica la voluntad de Dios", recalcó.
"Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración", agregó.
Francisco pidió a los católicos que cesen de sentir "miedo y temor" y calificó a Jesús como el "príncipe de la paz".
"Que, al igual que el de los pastores de Belén, nuestros ojos se llenen de asombro y maravilla al contemplar en el Niño Jesús al Hijo de Dios", concluyó.
Jorge Bergoglio, de 79 años de edad, llegó hacia las 20H30 GMT a la basilica para oficiar la tradicional misa, que duró casi dos horas, se mostraba pálido y con la voz baja tras sufrir en los últimos días una fuerte gripe con mucha fiebre.
Durante el oficio, el papa explicó el significado del nacimiento de Jesús para los cristianos.