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El Pontífice incide así en la idea que ya expresó en diciembre al inaugurar la conferencia internacional virtual de los Comités Panamericano y Panafricano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana, cuando afirmó que el derecho a la propiedad es "un derecho natural" pero "secundario" derivado del derecho que tienen todos, "nacido del destino universal de los bienes creados".
Francisco se dirigió a los "actores institucionales del mundo del trabajo" que podrían favorecer los cambios ya en acto". Los descalabros sociales causados por la pandemia, que dura ya quince meses, dejan demasiados desocupados y trabajos degradantes, por lo que urge una "reforma profunda de la economía" y "un trabajo esencialmente humano".
Francisco dijo que el trabajo actual para tantos trabajadores changarines, para los migrantes y precarios, pero sobre todo para tantas mujeres "a comenzar por las domésticas y vendedoras ambulantes" es "peligroso, sucio y degradante". En ese sentido, reclamó "condiciones laborales decentes y dignas".