Los viveros son lugares donde se respira tanto verde que las personas que compraban algún cactus, soñaban con la idea de poder tomar un café en ese entorno. Los deseos de la clientela y el empuje de sus dueños lo hicieron posible apenas unos días antes de que termine el 2020 y así nació el vivero-restó Marielis Pérez.
La venta de plantas y la gastronomía se fusionan en Centenario en este novedoso espacio ubicado a la vera de la Ruta 7, en Los Eucaliptos 550, donde es posible conectar con la naturaleza mientras se disfruta de una torta, un plato típico venezolano o una cerveza artesanal, dependiendo la hora del día.
El vivero desembarcó en septiembre del 2019 y un año después decidieron anexar el restó en un local contiguo que estaba desocupado y que funcionaba como taller. Los emprendedores, Alejandro Sánchez y Marielis Agüero Pérez, decidieron darlo todo: destinaron ahorros y hasta vendieron vehículos para acondicionar el lugar que cuenta con una capacidad de hasta cien clientes y donde trabajan 28 personas.
El vivero-restó tiene mesas adentro, afuera y en la terraza. En medio del jardín hay un escenario donde también transitan artistas locales para ponerle ritmo a las noches de verano. A donde se mire hay plantas de todos los tamaños, formas y verdes posibles.
“La propuesta ha caído excelente. La gente hasta se ha emocionado y esperaba ansiosa que abriera. Para nosotros fue un éxito”, celebra Alejandro Sánchez en diálogo con LM Neuquén.
Con el cantar de los pajaritos de fondo, la responsable de Recursos Humanos y una de las encargadas, Salomé Urra, sintetiza con precisión: “Es un lugar donde se juntan los placeres de la vida”. Y explica: “Por un lado es el vivero, que es llevar vida a cada hogar. Y ahora, en este lugar, almorzar, cenar y juntarse con otras personas, que es placer”.
“Lo mejor que te puede pasar como cocinero es tener hierbas frescas”, asegura el chef y otro de los encargados del lugar, Eduardo Andreoni. Es que la fusión de la gastronomía con la naturaleza le da un plus inigualable a los platos y, al momento de elaborarlos, los cocineros cuentan con aromáticas como tomillo, menta, albahaca y laurel recién cosechadas.
El plan a futuro es poder ampliar la huerta e incluso empezar a producir sus propias verduras. De momento, todos los restos orgánicos de la cocina los utilizan para hacer compost y fortalecer la tierra del vivero.
La carta ofrece una variedad de productos porque el local está abierto todo el día, por lo que se puede desayunar, almorzar, merendar o cenar. Entre los platos salados se distinguen los venezolanos como tequeños (dedo de masa rellena de queso), arepas (masa de harina de maíz con distintos rellenos) y pabellón (plato típico con arroz blanco, porotos negros, carne desmechada y plátano frito). Marielis Pérez es oriunda de ese país y, además de darle el nombre al local, quisieron dejar su impronta en la carta.
Según confesó el encargado de la cocina sobre esta propuesta “al principio teníamos un poquito de miedo porque más allá que los platos sean adaptados a la Argentina, queríamos hacerlos lo más venezolanos posibles” y la respuesta de la gente fue positiva. Contar con una cocinera venezolana también fue clave.
Para Andreoni fue un desafío la elaboración de la carta porque, aunque no parece, “los públicos de Neuquén y Centenario son distintos”. En su caso, siempre había conocido el movimiento de la capital neuquina y el de ahora lo sorprendió. “Cambia la gente, cambian los gustos. Al principio pensamos que iba a ser un público difícil pero la gente va rotando y pide variado”, detalló el chef.
Alejandro Sánchez, desde el Alto Valle, y Marielis Pérez, desde Venezuela, se conocieron hace unos cinco años a través de Instagram. Tuvieron un vínculo por las redes durante tres meses que no incluyó videollamadas. Ella, como tantas otras personas de ese país, decidió venir a Argentina al no tener posibilidades económicas.
Se vieron por primera vez cuando Alejandro la fue a recibir al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, y desde entonces formaron su familia en Cinco Saltos, cada quien con hijos e hijas de anteriores matrimonios, y luego llegó el suyo en común.
Por ese entonces, él se dedicaba a trabajar en el rubro petrolero en Añelo pero necesitaban otro ingreso económico. Se las rebuscaron vendiendo terrenos, libros y ropa hasta que conocieron la “venus atrapamoscas”, una particular planta carnívora que empezaron a vender y fascinó a cientos de personas.
Con el correr del tiempo y el “boom” de los cactus y suculentas, fueron incorporando más plantas y el garaje de su casa se convirtió en un vivero, donde luego se incorporaron tres empleados. Pero las ventas no se quedaron en Cinco Saltos.
“Íbamos a repartir a Catriel, Rincón de los Sauces, Roca, Cutral Co. Por eso fue que crecimos. No nos quedamos a vender a dos cuadras”, cuenta Alejandro. Así, el lugar se quedó chico. “El garaje no daba más de plantas, iba gente de todos lados”, recuerda. En septiembre del 2019 decidieron mudarse a un local más amplio que encontraron en Centenario y las ventas siguieron creciendo.
El local del vivero en Centenario transitó más meses en pandemia que sin ella. Pero, a diferencia de otros rubros, las ventas se incrementaron exponencialmente y el comercio creció al punto de que terminó el año anexando el local gastronómico.
Durante los meses que la gente permaneció encerrada en las casas, se notó el mayor interés por la decoración y la naturaleza para embellecer los lugares. “Al estar en la casa, la gente empezó a mejorar el patio para los chicos, muchos hicieron huerta, y eso es muy bueno para la sociedad. La pandemia generó que mucha gente venga al vivero”, contó Salomé.
La clientela del vivero es variada pero la venta de cactus y suculentas se impuso hace algunos años y sigue pisando fuerte, convocando a coleccionistas cada día. También muchos eligen los árboles cítricos, como limoneros, pero reconocen que el interés de la gente es relativo. “Hay personas que buscan césped, arboles, macetas, arbustos, decorativas, de interior, es variado”, detalló la referente del local.