{# #} {# #}
Jorge Formento estuvo seis años en Feliz Domingo, en donde descubrió que la popularidad que daba la televisión no tenía comparación con ninguna de sus otras actividades. Desde ahí, el locutor que acompañaba a Silvio Soldán en aquel programa ómnibus de entretenimientos se hizo un nombre pero por sobre todo, una cara. Porque antes, como todo locutor, era esencial y exclusivamente una voz.
Luego, con el correr de los años, fue conductor en diferentes ciclos de TV, siempre vinculados al entretenimiento, poniéndole el cuerpo y la garganta a su trabajo. Y así la vida de Jorge se volcó por un sinfín de lugares, incluyendo una cabina en la Bombonera, desde donde se convirtió en el locutor de Boca Juniors. “La voz del estadio”, como suele denominarse históricamente en el fútbol a los que ocupan ese rol.
Nacido el 10 de agosto de 1961, en el barrio porteño de San Telmo, se recibió de locutor nacional cuando tenía 23 años. Quiso ser jugador de fútbol, “como cualquier pibe que sueña con ponerse la camiseta de su club”, relata. Entonces, vale la corrección: quiso ser jugador de Boca.
No lo consiguió pero sí logró que como locutor lo escuchara todo el estadio. Y también logró, como hincha, que en más de una ocasión no lo pudiera escuchar nadie porque se quedó disfónico gritando por su equipo.
Algo así le pasó en diciembre de 1992, cuando siendo el acompañante de Silvio Soldán en la conducción de Feliz Domingo, se escapó del estudio de Canal 9 donde el programa salía en vivo para ir a la Bombonera: ese día, Boca salió campeón luego de 11 años de sequía.
“Le pregunté a Silvio si me podía bancar con algunas prendas que faltaban y me dijo que sí. Después hablé con los productores, Osvaldo Gago y Gustavo González, y me dijeron que sí. Por suerte eran todos hinchas de Boca, ja, así que me entendieron. La condición era que no se enterara Alejandro Romay”, recordó Formento.
Romay, que era el dueño del canal, nunca se enteró, o al menos nunca se lo hizo saber. Jorge se fue del canal impecable: peinado, de traje y maquillado. Llegó a la cancha con lo justo y gritó y lloró como tantos hinchas. Cuando volvió al trabajo, la garganta no era la misma que unas horas antes. Aunque la felicidad lo desbordaba.
Como lo desborda hoy cuando lo contratan para conducir algún evento y reedita Feliz Domingo. Conduce alguna de las “prendas” que hicieron se hicieron famosas en el programa, como el “Yo sé”, y también el ping pong de preguntas y respuestas, paso previo al cofre de la felicidad, que en estos casos no guarda un viaje a Bariloche para todo el curso más dos acompañantes, sino que tiene caramelos y golosinas. Una piñata con cerradura.
En pleno inicio de la pandemia, cuando todo era incertidumbre, él optó por el encierro, por su salud y por la de sus seres queridos. Separado desde hace 10 años de Sylvia, la madre de sus cuatro hijos, “la gallega”, como él la llama y con quien tiene una relación que describe como “fantástica”, se la bancó solo haciendo trabajos por zoom como tantos. Aunque lo que más le costó fue privarse de conocer a su nieta, que nació en mayo del 2020 y a quien recién pudo tener en sus brazos en el mes de octubre.