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Lejos de las luces mediáticas, la actriz y el director son una de las parejas más longevas del espectáculo y aquí revelan su fórmula para la armonía conyugal.
En silencio y lejos de las luces mediáticas, Martina Gusmán y Pablo Trapero se han convertido en una de las parejas más longevas del espectáculo nacional. Están juntos hace más de 20 años, tras un romántico primer beso que se registró en medio de una sala de cine.
"Lo conocí un día que fui a su casa porque necesitaba una productora –rol que ocupaba por entonces-, así que toqué timbre, me abrió y fue un flechazo. Ojo, te aclaro: no es que empezamos a salir de inmediato. Yo tenía como el prejuicio de que no había que mezclar amor y trabajo" confesó Gusmán hace unos años.
Aunque la relación no comenzó enseguida ya que ella estaba separándose de un novio, Martina aceptó una invitación para ir juntos al cine. "Un día Pablo me propuso ir juntos al Bafici. Nos sentamos en la última fila de la sala y yo notaba que él no miraba la pantalla, me miraba a mí”, relató la actriz.
“No obstante, yo seguía con la mirada fija en el corto que proyectaban, durita en la butaca, sin moverme. Cuando terminó, me di vuelta, lo miré y me dio un pico rápido, como de quinceañero. Bien de película", completó Martina. "El amor que tenemos por lo que hacemos tiene que ver con un estilo de vida. Ese nivel de comprensión, de entender la pasión del otro…", destacó la actriz en una charla con Infobae acerca de las claves para mantener viva la pareja.
Por su parte, Trapero agregó: "También discutimos, justamente porque estamos en lo mismo. ¡Las peleas por un personaje pueden motivar un divorcio! Esto nos apasiona, y trabajamos juntos porque nos gusta". Tras más de dos décadas de amor y dos hijos en común -Mateo y Lucero-, se casaron en el año 2020, en plena pandemia.
Trapero y Gusmán trabajaron juntos en "Nacido y criado" (2006), "Leonera" (2008), "Carancho" (2010), "Elefante blanco" (2012) y "La quietud" (2018). Con respecto a este último proyecto, la actriz contó: "Teníamos ganas de compartir la experiencia de debatir. Hay un nivel de confianza, intimidad y entrega… Incluso cuando hacemos una escena, si veo que se muerde el labio, sé que le está gustando. Hasta el lenguaje corporal le conozco".