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Segundo Cernadas es un actor que las vivió todas. Creció arriando caballos “y hasta hablando con ellos” en la soledad de Viedma. Una clase de teatro le propuso “la aventura de los diferente”. Desafió el mandato su padre pagando el precio de “sobrevivir lejos, con tan solo 19 y sin ayuda” y dejando atrás un vínculo “difícil, sin elogios ni palmadas espalda” que azotó su autoestima afectando, también, su debut televisivo.
Cambió su nombre, fue galán en Latinoamérica, celebrity en Filipinas (donde convivió con “dos fantasmas”) y dejó todo por la política. Qué le enseñó su divorcio de Gianella Neyra. La relación a la distancia con su hijo peruano “y rapero”. El amor con Sofía Bravo, “por el que tanto pedí en terapia”. Y la “nueva paternidad” a los 50, con Isabel y Jacinta
Pero cita la mayor de sus aventuras fue en 2004, y a 17.500 kilómetros. La propuesta había llegado desde Filipinas. “Tal vez esa no sería una gran experiencia actoral, pero... ¿cómo negarme?”, aclaró Segundo. Al llegar, dos guardaespaldas lo escoltaron desde el Aeropuerto Ninoy Aquino, y durante las 24 horas, hasta su regreso a Buenos Aires, cinco meses después. Segundo había desembarcado en Manila con muy pocas certezas: Encarnaría a Fernando, Príncipe Aragón de Montenegro, y enamoraría a Rosella, interpretada por la estrella nativa Iza Calzado (40), después de un largo naufragio desde algún lugar de España. Sólo se necesitaba una orilla. Y hacia ahí fue.
El equipo de Te amo, maging sino ka man (Te amo, quien quiera que seas) –así se llamaba la telenovela– se instaló en un pueblo de pescadores de la isla Corregidor, en la ciudad de Cavite. “Todo fue una locura. No podía salir sin avisar y cuando lo hacía, nos seguían hileras de motos. La primera vez pregunté: ´¿Quién viene, el Papa o algún presidente?´. No podía creerlo. El despliegue que montaban con los actores extranjero era nivel Hollywood”, relata. “La atención fue desmedida, pero aunque al quinto día se aburrieron de hablar en inglés, que a propósito es malísimo, y me dejaron pagando con el tagalo (idioma local). ¡Y a sobrevivir a pura señas!”, remata con gracia.
Durante dos meses, en Cavite, Segundo convivió con su novia, la actriz peruana Gianella Neyra, con quien compartiría, luego, un matrimonio de siete años y la paternidad de Salvador. “Pero un día, ella debió volver a Buenos Aires (para protagonizar Culpable de este amor, Telefe, 2004). Y antes de irse me advirtió: ´Cuidado, no estamos solos. Hay una energía muy especial en esta casa. No dejes de poner dos vasos de agua debajo de la cama´. La verdad es que, como ella siempre ha sido muy esotérica, desestimé su consejo y de ahí en más, viví situaciones aterradoras que empeoraban noche a noche”, anticipa.
“Una mañana, Gianella me llamó y me dijo: ´A que ves dos personas peleándose´. Sí. Era exactamente lo que se aparecía sobre mi cama: las figuras difusas de un hombre y de una mujer que discutían entre ellos”, revela. “Pero eso no era todo. Empecé a notar movimientos de objetos y presencias claras como la de las típicas escenas de película. De repente, estaba bañándome y sentía que detrás de la cortina de la ducha había alguien. Yo no creía en esas cosas, pero me pasaban y necesitaba resolverlo”, cuenta.
“La situación fue complicándose al punto en el que ya era imposible dormir. ¡No dormía! Pasaba la madrugada rezando porque realmente tenía mucho miedo. A todo esto, la empleada que trabajaba en casa había dejado de venir. Cuando reclamé al equipo, todos se reían. Y finalmente se sinceraron: la chica no volvería porque había visto mumus (fantasmas). La cosa ya estaba picante”, relata.
Los directivos de la productora tomaron cartas en el asunto y le ofrecieron a Cernadas dos alternativas para hacer posible su estadía hasta el final del contrato. “Me dijeron: ´Te cambiamos de casa o te la llenamos de gente´. Me daba tanta fiaca una mudanza que elegí la segunda. Todos los cuartos fueron ocupados por compañeros de elenco y esa actividad paranormal pareció tranquilizarse”, recuerda.
“Cuestión, trajeron a una señora especialista en limpiezas de ese tipo. Después de hacer todo su ritual me explicó: ´Aquí hay dos elementos, uno masculino y uno femenino, que los vieron a vos y a tu novia en tal lugar y los siguieron hasta aquí´”, cuenta. “¿Vos lo crees?”, me pregunta. “A mí aún hoy me cuesta, pero juro que lo viví”, cerró su relato el actor.